Saturday, January 26, 2013


PARAGUAY: ENTRE MERCOSUR  Y LA OEA

Rubén M.  Perina, Ph.D.   
(Profesor de las Universidades de Georgetown y George Washington. Ex-funcionario de OEA)

Publicado en diario ABC, Asunción,  Paraguay
4 de julio 2012 

Algunos gobiernos de América Latina, entre ellos los de Bolivia, Ecuador, Nicaragua y Venezuela,  han condenado y  denunciado como golpe de estado la destitución  constitucional del ex-presidente Lugo del Paraguay  --en supuesta defensa de la democracia paraguaya. 

Pero lo irónico y absurdo  de  esto es que son ellos mismos los que están destruyendo lenta pero deliberadamente sus propias democracias (con “golpes en cámara lenta”),  utilizando elecciones democráticas para establecer “dictaduras constitucionales.”  Perpetran este golpe a través del control del  poder legislativo, judicial y electoral, el acoso a la prensa independiente,  la persecución de políticos opositores, la concentración del poder en la presidencia  y el abuso de los recursos del estado para imponer un modelo estatista, personalista, populista y clientelista  --en violación de la Carta Democrática Interamericana (CDIA).      

A ese juego  deshonesto  y retorcido, el MERCOSUR (Argentina, Brasil y Uruguay) y la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR), le agregaron la insólita decisión de suspender a Paraguay de ambos organismos. Los “mercosurianos” inclusive incorporaron  simultáneamente  a Venezuela --incorporación a la que se había opuesto tenaz y repetidamente el senado paraguayo.  Sin la participación de uno de sus miembros fundadores,  ello no es sólo poco democrático y violatorio de su tratado (e irónicamente del debido proceso), sino que parece más bien una burda venganza. Pero además se humilló gratuitamente a la delegación paraguaya cancelándole reservas de hotel y no permitiendo su presencia en la reunión, antes de la sanción. Algo inédito que perturbará por largo tiempo las relaciones diplomáticas  de la subregión.

Claro,  a los países del Mercosur les interesa el acceso al mercado venezolano (que importa casi todo lo que consume),  su petróleo subsidiado y los petrodólares que el caudillo Chávez distribuye personalmente a espaldas de su propio pueblo y sin control alguno. Lo lamentable e inexplicable de esto es que proviene de países democráticos (aunque unos más que otros), tradicionalmente respetuosos y defensores del principio de la no-intervención.  Y es peor aún porque a la vez ignoran los “golpes en cámara lenta” que se perpetran en otros países.  La democracia paraguaya y la legalidad y transparencia de las decisiones del Mercosur quedaron a un lado.  Mercantilismo mata democracia.

También buscaron la suspensión del Paraguay de la OEA, pero aquí hasta ahora ha triunfado la sensatez  --que resulta del diálogo, del  debate y la confrontación diplomática de diferentes perspectivas sobre una misma realidad, dentro de reglas institucionalizadas históricamente.  El 10 de julio pasado, el Consejo Permanente de la organización escuchó un conciso y objetivo informe del Secretario General sobre la situación en Paraguay.  También oyó una punzante alocución del embajador paraguayo.  En su informe el Secretario General advirtió que una exclusión del Paraguay, con elecciones ya programadas para abril de 2013, no contribuirá al fortalecimiento de la democracia en ese país, y propuso el envío de una Misión Especial para apoyar la gobernabilidad democrática y garantizar la realización de elecciones justas. Las  cancillerías y sus embajadores lo analizarán y lo debatirán en el Consejo Permanente, donde se decidirá qué hacer respecto a la situación del Paraguay.  Pero lo importante es que no ganó el pensamiento único, ni se excluyó sumariamente al Paraguay, como ocurrió con MERCOSUR y UNASUR.  Y es probable que el pluralismo “ideológico” existente en la organización no permita llegar al extremo de suspender al Paraguay.

De todas maneras, cabe recordar que  el ex - presidente Lugo no sólo decidió aceptar “hasta las últimas consecuencias” las reglas del juicio político aprobadas por el congreso,  sino que también decidió no invocar  la CDIA, como se lo sugirió su embajador ante la OEA y el mismo Secretario General.  Bolaños de Nicaragua, Morales de Bolivia y Correa de Ecuador así lo hicieron y  preservaron la institucionalidad democrática cuando ésta se veía amenazada.  Es posible que Lugo rehusase hacerlo porque creía que no lo destituirían (dudable), o porque recibió la presión (probable) de líderes sudamericanos que no querían involucrar a la OEA --para impedir la participación de Estados Unidos y Canadá en la solución de la crisis paraguaya.  Pero sí llamó a los cancilleres de UNASUR que llegaron apresuradamente para detener el juicio político, lo que fracasó por el rechazo contundente de senadores paraguayos. Y es público que el venezolano Nicolás Maduro instó a militares paraguayos salir a la calle para defender a Lugo --violando descaradamente el principio de la no intervención (todavía invocado anacrónicamente por Venezuela en contra de Estados Unidos).

Quizás se pudiese haber logrado un  juicio político menos expedito y con mayores garantías para  la defensa del ex-presidente (aunque el resultado no habría cambiado), si se hubiesen utilizado  los mecanismos institucionales existentes en la OEA. Como lo permite la CDIA, el Secretario General o un Estado Miembro podrían haber activado,  por lo menos una semana antes de la destitución, una Misión como la realizada por el Secretario General, o una reunión del Consejo Permanente para un análisis colectivo de la situación. De todas maneras, las sugerencias ofrecidas por el Secretario General en su informe parecen por ahora un instrumento práctico y útil para fortalecer y preservar la democracia paraguaya. Mucho mejor que la suspensión.

rmperina@gwu.edu

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