Friday, February 2, 2018

Fraude Electoral, Venezuela y la Carta Democratica, Venezuela vs Paraguay 2016

El PAíS
TRIBUNA
Venezuela, del diálogo fallido al fraude electoral

El diálogo y el revocatorio son la única vía pacífica y democrática para resolver la crisis política y humanitaria

El pretendido diálogo entre la oposición y el régimen chavista, tantas veces prometido y no cumplido por el régimen desde 2002, no ha prosperado y ahora el régimen recurre al fraude electoral para impedir la realización, antes del 10 de enero de 2017, del Referéndum Revocatorio (RR) del presidente Nicolás Maduro.
Esta última versión de diálogo no ha avanzado porque siempre fue una farsa del chavismo, que lo ha utilizado como cortina de humo para encubrir sus trabas al proceso convocatorio del RR, con el claro propósito de evitarlo, a sabiendas de que su realización significa el fin de Maduro presidente y del régimen.
Para impedirlo consiguió el apoyo del Secretario General de la UNASUR, Ernesto Samper, quien nombró, sin el consentimiento explícito de los cancilleres del grupo, tres facilitadores de supuesta imparcialidad: Rodríguez Zapatero de España, Leonel Fernández de República Dominicana y Martín Torrijos. La mayoría de los países de hemisferio, tanto en la OEA como en UNASUR y MERCOSUR se expresaron, a favor del dialogo. Pero hasta hoy sus frutos son nulos; o peor, no hay diálogo formal. Prueba de ello es que ahora se ha solicitado la mediación del Vaticano. Mientras tanto cunde la crisis humanitaria y la miseria, se agudiza la polarización social y política, continúa la represión, la persecución y encarcelamiento de líderes de la oposición y se ignora la constitución y el Estado de derecho.
El diálogo y el RR son la única vía pacífica y democrática para resolver la crisis política y humanitaria --crisis resultante de la ceguera ideológica, la inoperancia, corrupción, represión e impunidad del régimen chavista. El diálogo sólo tiene sentido para la oposición y su Mesa de Unidad Democrática (MUD) si es para garantizar el RR antes del 10 de enero, liberar los presos políticos, aliviar la crisis humanitaria y restaurar el respeto del Estado de derecho y la división de poderes. Pero si no hay diálogo ni RR pre-10 de enero, la oposición estará en su derecho de promover la desobediencia civil y la rebelión pacífica según lo permite la Constitución bolivariana (Arts. 333 y 350).
Como el diálogo ya no puede ser utilizado más para ocultar la obstrucción del proceso convocatorio del RR, el régimen instala la manipulación del proceso electoral (revocatorio) para su beneficio. El régimen ha usado el fraude para mantenerse en el poder desde 2004 y lo perpetró descaradamente en la elección inconstitucional de Maduro tras la muerte de Chávez en 2013.
Con su control del Consejo Nacional Electoral (CNE), el régimen ha introducido elementos fraudulentos en el proceso convocatorio del FF. Inconstitucionalmente, el CNE decidió que el 20 % de los votantes necesario para convocar el RR debe obtenerse en cada uno de 24 distritos del país, y no en circunscripción nacional como lo establece la Constitución y como ocurrió en el RR de 2004 --que ganó Chávez dudosamente. El presidente es electo por circunscripción nacional y debe ser revocado de igual forma. Para retrasar el proceso y favorecer al régimen, el CNE estableció que la recolección de firmas se realice a fin de octubre, con sólo unas 5,000 máquinas “capta-huellas” en vez de las 19,500 correspondientes y con sólo 1,300 centros de votación en zonas mayormente rurales; y anunció sin base alguna que el RR se realizará recién el primer trimestre del 2017. Tampoco ha convocado las elecciones para gobernadores que deberían efectuarse antes de fin de año.
Ahora que el chavismo se ha quitado la máscara, es hora de acabar con la pasividad de la comunidad democrática inter-americana. No se puede ignorar el fraude electoral, el encarcelamiento de líderes opositores (más de 100 ya), la alteración del orden constitucional democrático y la tragedia humanitaria que sufre Venezuela. La democracia y la dignidad humana son indivisibles, no tienen frontera ni nacionalidad. La no-intervención es secundario; la defensa de los derechos humanos y la democracia es lo prioritario.
Lo urgente y moral es un pronunciamiento de las democracias americanas en sus foros hemisféricos. Un pronunciamiento que censure las transgresiones de Maduro; que demande la realización del RR en tiempo y forma, permitiendo que el electorado venezolano, el soberano, decida, pacífica y electoralmente, el destino del país, tal como lo establece su propia Constitución; que exija se liberen los presos políticos y se permita la asistencia humanitaria y la observación electoral; y que advierta al gobierno de posibles sanciones económicas y diplomáticas, y de una posible suspensión de la organización como ya lo hizo el MERCOSUR.
En esa dirección va una reciente declaración de Argentina, Brasil, Chile, México, Paraguay y Perú que expresa su “preocupación” por la decisión del CNE respeto del RR, que tiene el “efecto de postergar” su realización y distorsionar su sentido. Destacable es también que el presidente argentino, Mauricio Macri, haya declarado la necesidad de “hacer lo imposible” para que el RR se realice este año. Igualmente, merece resaltarse que el Secretario General de la OEA, Luis Almagro, haya activado la Carta Democrática Inter-Americana para llamar la atención sobre la crisis política y humanitaria venezolana e iniciar un proceso de “apreciación colectiva” de la misma. Pero no es suficiente, se requiere la acción diplomática/política colectiva de la mayoría de los Estados miembros de la organización.
La incógnita es si esa mayoría permanece impávida y cómplice de Maduro por omisión, o denuncia sus violaciones a los derechos humanos y su alteración del orden democrático venezolano.


Clarín, Buenos Aires,   14/09/16

Venezuela: Urge re-activar la Carta Democrática
Rubén M. Perina

En ocasión del 15° aniversario de la aprobación de la Carta Democrática Inter-Americana (CDIAM) de la OEA, en Lima el 11 de septiembre de 2001, su reciente “activación” en el caso de la erosionada democracia venezolana amerita una revisión con miras a su re-activación. La Carta es un compromiso de los 34 Estados miembros de la OEA, asumido libremente, con el ejercicio, la promoción y defensa, individual y colectiva, de la democracia representativa.

En la sesión del Consejo Permanente de la OEA del 23 de junio pasado, una mayoría (20) de sus miembros aprobó escuchar el devastador informe sobre la erosionada democracia venezolana de su Secretario General, Luis Almagro, quien convocó la reunión, invocando el artículo 20 de la CDIAM. El régimen chavista y sus menguantes aliados (Bolivia, Ecuador, Nicaragua, El Salvador y algunos países del Caribe) no lograron impedir la presentación de dicho informe. La reunión terminó sin discusión del mismo, sin declaración o resolución alguna del cuerpo y sin fijarse fecha para continuar el tratamiento del tema. Para algunos, especialmente la oposición venezolana, la mera realización de la reunión en el marco de la Carta significó que su aplicación se había activado; para otros, ello no quedó tan claro.
El proceso de aplicación de la Carta quedó así en suspenso. Se pasó implícitamente a una suerte de cuarto intermedio para permitir la reflexión de los Estados miembros sobre el informe del Secretario General, y esperar los avances del diálogo entre el gobierno y la oposición, facilitado por los ex presidentes Rodríguez Zapatero, Leonel Fernández y Martín Torrijos. El diálogo, auspiciado originalmente por UNASUR, había obtenido un amplio apoyo en una reunión previa del Consejo Permanente.

Pero el diálogo no ha mostrado resultado alguno; parece más bien ilusorio y un engaño. El gobierno expresa su adhesión al mismo, pero radicaliza su intimidación, persecución y encarcelamiento de líderes de la oposición y del Asamblea Nacional; lo usa como cortina de humo para ocultar, en vano, la alteración del orden constitucional, la polarización y persecución política, la violación de derechos y libertades fundamentales y la calamitosa situación humanitaria en el país, así como para encubrir su obstaculización de la convocatoria del Referéndum Revocatorio, para evitar que se efectúe este año.

 El régimen anticipa una barrida electoral de Maduro; lo que significa su colapso, el fin de la impunidad, el probable enjuiciamiento y encarcelamiento de dirigentes involucrados en corrupción y narcotráfico. Además, para distraer y justificar su creciente represión, Maduro alega la existencia de una conspiración internacional para derrocarlo.

El aparente fracaso del diálogo debería motivar la re-activación del proceso de aplicación de la Carta Democrática. Ello requeriría la realización urgente de otra reunión del Consejo Permanente para recibir un actualizado informe del Secretario General y otro sobre el estado del diálogo, y en base a ello efectuar una “apreciación colectiva de la situación” venezolana, ahora empeorada, así como “adoptar las decisiones que [se] estime conveniente.” Presumiendo la existencia de una mayoría que permita su convocatoria ¿Qué decisiones podrían adoptar los Estados para “promover la normalización de la institucionalidad democrática” en Venezuela? (Art. 20).

Primero, una de ellas sería fortalecer el supuesto diálogo en curso, cuyo objetivo sine qua non debería ser acordar la realización del Referéndum este año, liberar los presos políticos y permitir la asistencia humanitaria -tal como han reiterado el Secretario General de la OEA y los quince países más importantes de la organización. El diálogo se podría fortalecer con la observación y/o facilitación adicional de representantes de Estados miembros.

Segundo, alternativa o adicionalmente, los Estados miembros podrían decidir conformar una misión diplomática de buenos oficios tendiente a lograr “la normalización de la institucionalidad democrática”; o sea, lograr que el gobierno chavista termine con las arbitrariedades y persecuciones políticas, con la violación a los derechos humanos, las libertades fundamentales y el estado de derecho, y con la obstrucción al proceso convocatorio del Referéndum para este año –la única salida democrática de la crisis.

Tercero, si lo anterior resulta infructuoso para restaurar el orden democrático, el Consejo Permanente podría decidir convocar una Asamblea General extraordinaria para evaluar posibles sanciones diplomáticas, financieras, comerciales y, eventualmente, con el voto de “los dos tercios de los Estados miembros” (Art.21), suspender al gobierno venezolano de la organización, como ha ocurrido en otras ocasiones con gobiernos transgresores de los compromisos con la democracia. Dado que la crisis política y humanitaria ha empeorado dramáticamente desde la presentación del informe del Secretario General Almagro, urge re-activar el proceso de aplicación de la Carta Democrática en el caso de la malversada democracia venezolana.









El Nacional, Caracas
Paraguay enfrenta a Venezuela
RUBÉN M. PERINA 5 DE SEPTIEMBRE 2016 - 12:01 AM
En los últimos meses Paraguay ha cuestionando la democracia venezolana y la legitimidad del gobierno de Nicolás Maduro para presidir el Mercosur. Maduro mismo, paradójicamente, lo confirmó, en su usual lenguaje soez y engañoso: “La presidencia la estamos ejerciendo más allá de las maniobras rastreras, miserables y ruines de la ‘triple alianza’ encabezada por el gobierno strossnista de Paraguay”.
La ilegitimidad del régimen chavista es notoria, es cada vez más autoritario, represivo, corrupto, militarizado, ideologizado e inoperante. Los informes del secretario general de la OEA y de Human Rights Watch lo atestiguan. Como ello contraviene los compromisos del Mercosur con la democracia y los derechos humanos, el presidente Horacio Cartes y su canciller, Eladio Loizaga, han propuesto medidas regionales para evitar que el gobierno de Maduro ocupe la presidencia pro témpore del bloque, desafiando abiertamente, como pocos, al régimen chavista.Paraguay tampoco olvida la abierta intromisión del entonces canciller Maduro en 2012, durante el juicio político que destituyó al presidente Lugo; ni su suspensión ilegal del Mercosur, en represalia; ni el ingreso ilícito de Venezuela al mismo.
En mayo, la Cancillería paraguaya exhortó al gobierno venezolano a respetar “las instituciones democráticas, el Estado de Derecho, los derechos humanos y la libertades individuales”, y le advirtió “que existen compromisos y mecanismos regionales… que pueden ser aplicados...”. En junio el canciller paraguayo le solicitó a su homónimo de Uruguay, Nim Novoa, que presidía el bloque hasta el 29 de julio, que convocara una reunión de cancilleres del Mercosur para “evaluar la situación... de Venezuela... conforme al Protocolo de Ushuaia sobre el Compromiso Democrático del Mercosur…”. Se buscaba impedir que Venezuela asuma la presidencia automáticamente. La reunión no se logró por falta de consenso.
Uruguay, favorecía el traspaso de la presidencia a Venezuela, una vez cumplidos los seis meses de su turno y siguiendo el orden alfabético. Por  ello convocó una reunión del Consejo del Mercosur, a pesar de las objeciones de Brasil y Paraguay, que decidieron no asistir. De todas maneras, Uruguay dejó la presidencia e implícitamente aceptó su transferencia automática, sin cuestionar, por razones de política partidaria interna, el grave deterioro de la democracia venezolana.
Pero no hubo traspaso automático ni formal como es habitual; la mayoría de los socios fundadores no lo aceptaron. Y a pesar de la autoproclamación de Maduro al frente del bloque, el canciller Loizaga sentenció: “No hay traspaso y la presidencia queda vacante”, vetando la pretensión venezolana. La Cancillería paraguaya, además, notificó que había verificado el incumplimiento de Venezuela a las obligaciones del Protocolo de Adhesión al Mercosur”.
Argentina y Brasil, luego de titubeos y ambivalencias, coincidieron con Paraguay en su decidida oposición al régimen chavista: 1) Verificaron su incumplimiento de los requisitos formales de adhesión plena, incluyendo la ratificación de compromisos comerciales y en particular los relacionados con la democracia y los derechos humanos. 2) Denunciaron la alteración del orden democrático y la violación de derechos humanos. El canciller brasileño, José Serra, señaló que Venezuela “se encontraba bajo un  régimen autoritario”, y que “un país que tiene presos políticos no [es]… democrático”. 3) Aunque apoyan el diálogo entre el gobierno y la oposición –que es ilusorio y un pretexto del chavismo para evitar el referéndum revocatorio contra Maduro– también insisten en que este debe realizarse este año, de lo contrario sería “una farsa”. 4) Y han manifestado, inequívocamente, su oposición a que Venezuela asuma la presidencia del Mercosur. La canciller argentina, Susana Malcorra, ha propuesto que la misma sea “colegiada”.
La oposición de los tres socios fundadores a la presidencia de Venezuela motivó los habituales improperios de Maduro, quien, desubicadamente, les notificó que asumía la presidencia del bloque, asegurando que “somos presidentes de Mercosur y lo vamos a ejercer plenamente”; y denunció que Venezuela “es perseguida por esta triple alianza de torturadores de Suramérica.., [por] la oligarquía paraguaya corrupta y narcotraficante.., [por] el demacrado Macri de Argentina, fracasado, repudiado por su pueblo, y [por] la dictadura de Brasil”.
El canciller Loizaga contestó los “indignantes exabruptos” de Maduro, anunciando que se congelaban las relaciones con Venezuela y que el embajador paraguayo no retornaría a Caracas. Anunció además que el “gobierno de Maduro no reúne las condiciones democráticas… que son parte del ADN del Mercosur…” y que no aceptarían “la presidencia de Venezuela, ni ninguna convocatoria que hagan”, reiterando que Venezuela no cumplió con los requisitos para ser miembro pleno. También exigió a Maduro “que libere a los opositores presos” y lo acusó “de bloquear el parlamento venezolano a través de la justicia”.
El rechazo a la presidencia venezolana se confirmó el 23 de agosto. Los coordinadores nacionales de los miembros originales, reunidos en la sede de Montevideo, constataron el incumplimiento de Venezuela de los requisitos de incorporación plena y acordaron que se estaría funcionando con solo “reuniones imprescindibles” y con una “conducción colegiada” hasta diciembre. Y quedó para decisión de los cancilleres si se suspende o no a Venezuela. No obstante ello, Venezuela convocó para el día siguiente a los países miembros, con el fin presentar “los lineamientos de su presidencia…”. A la cita solo llegó Uruguay.
El no reconocimiento de la presidencia de Venezuela por parte de los socios fundadores es otro duro golpe diplomático a Maduro. El anterior lo recibió en la OEA, cuando no pudo evitar que su secretario general presentase su devastador informe sobre la fallida democracia chavista. Pero es la primera vez que su gobierno es sancionado por no cumplir con sus compromisos sobre democracia y derechos humanos. La sanción en mucho se debe a la persistente y firme diplomacia paraguaya.



El Nacional, Caracas
20 de junio 2016 - 12:01 AM

La Activación de la Carta Democrática en Venezuela
Rubén M. Perina, Ph.D.*

La próxima reunión (23 de junio) sobre la situación de Venezuela, solicitada por el Secretario General de la OEA (SG/OEA), Luis Almagro, en el marco de la Carta Democrática Inter-Americana (CDIA) de la OEA, revela, uno, la creciente pérdida de poder del chavismo y sus aliados (los que le quedan), que han buscado desesperadamente bloquear la activación de la Carta y cualquier debate institucional sobre la situación venezolana; y dos, la indudable vigencia, cuestionada hasta hace poco, de dicho instrumento. Almagro ha logrado así instalar la discusión formal sobre la crisis humanitaria y política/democrática por la que atraviesa el país (que el régimen chavista niega), así  como demostrar  la vigencia de la OEA y su CDIA como un instrumento válido y útil para ello. 

La Carta es el resultado de un proceso histórico que comienza a principios de los 80 con el retorno  de la democracia en la gran mayoría de los Estados del continente.  El proceso incluye, entre otros,  la aprobación de la Resolución 1080, “Democracia Representativa,” en la Asamblea General de 1991, con la que los Estados miembros se comprometen actuar inmediatamente ante una “interrupción abrupta o irregular” del orden democrático en uno de ellos. La Resolución se aplicó en cuatro casos, y en todos ellos se  consiguió  restaurar la institucionalidad democrática: En Haití, en 1991; en Perú en 1992; en Guatemala en 1993; y Paraguay en 1996 para prevenir un golpe de estado. En 1992, los países miembros establecen  la posibilidad de suspender de la OEA a un gobierno que surja de un golpe de estado.

La CDIA, aprobada en 2001,  avanza sobre esos compromiso inter-americanos en la defensa colectiva de la democracia. En ella los Estados miembros acuerdan (Art.1) por primera vez que la democracia “es un derecho de los pueblos...y que los gobiernos tienen “la obligación de promoverla y defenderla.”  También fortalece el rol  de la OEA en la prevención de la ruptura institucional, permitiendo (Art. 17) que el gobierno de un Estado miembro pida asistencia al SG/OEA o al Consejo Permanente para preservar el orden democrático cuando considere que éste o el legítimo ejercicio del poder está en peligro. Así, a solicitud de los gobiernos de Nicaragua (2005), Ecuador (2005) y Bolivia (2005 and 2008), el organismo actuó con diligencia y efectividad, enviando una Misión de Buenos Oficios que logró que las crisis políticas no llegasen a quebrar la institucionalidad democrática.

Para convocar al CP/OEA,  Almagro invocó el Art 20 de la Carta que estipula que en caso que en un “Estado Miembro se produzca una alteración al orden constitucional que afecte gravemente su orden democrático,” y autoriza al SG/OEA “solicitar la convocatoria inmediata del  CP/OEA para realizar una apreciación colectiva de la situación.” Su informe sobre la crisis venezolana sustenta su petición y se apega al mandato  de la Asamblea General (2014) de presentar “un informe al Consejo Permanente en todos los casos en que su actuación sea prevista por la Carta…” Este no deja dudas de que en Venezuela se ha alterado el orden democrático, pero esto es lo que los Estados miembros tendrán que determinar en la reunión del 23 de junio.

El mandato de la Carta es particularmente relevante y útil en el caso venezolano, donde el propio gobierno altera veladamente (golpe en cámara lenta) el orden democrático. El régimen chavista concentra y abusa el poder, creyendo que por haber ganado elecciones presidenciales (fraudulentas) puede flagrantemente irrespetar la separación e independencia de poderes,  restringir las libertades fundamentales, violentar el estado de derecho, manipular las elecciones y descalificar y apresar a la oposición, que ahora es mayoría y controla el poder legislativo.

El análisis colectivo de la crisis venezolana puede servir de base para generar diálogo, negociación y la construcción de consensos entre los contrincantes políticos/institucionales, que podría contener la violencia y evitar una implosión o ruptura violenta del orden democrático. Honduras,  antes del golpe de 2009, se podría haber beneficiado de este tipo de acción.  El debate, sin embargo, para ser justo y constructivo, debe incluir la voz del poder legislativo, en manos hoy de la oposición, con abrumadora mayoría. Ello enriquecería el conocimiento de los Estados miembros sobre la situación y fundamentaría una decisión colectiva en defensa de la democracia. No sirve una sesión donde sólo se escucha al régimen chavista.

La reunión seguramente concluirá con un llamado al diálogo (tantas veces prometido y no cumplido por el chavismo) pero deberá ser un diálogo con el propósito concreto y perentorio de facilitar la realización del Referéndum Revocatorio este año, con la observación del proceso por un grupo reducido y neutral de Cancilleres. Es la manera cívica y constitucional de resolver la crisis y evitar la implosión. El soberano pueblo es el que debe decidir la dirección del país.





* Ex funcionario de OEA y profesor de la Universidad de George Washington

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