Monday, October 7, 2013

Siria y el fracaso de la ONU





RUBÉN M. PERINA , Ph.D.|  


Siria y el fracaso de la ONU

EL UNIVERSAL, Caracas, Venezuela
Miércoles 11 de septiembre de 2013 

Si es verdad que el régimen sirio de Bashar al-Assad ha utilizado armas químicas (sarín) contra la oposición y su propia población el 21 de agosto pasado, resultando en la muerte de más de 1.400 inocentes civiles, incluyendo unos 400 niños, ello representa un crimen de lesa humanidad, violatorio de normas internacionales (Protocolo de Ginebra de 1925 y Convención sobre armas químicas de 1993). Los inspectores de la Organización de Naciones Unidas (ONU) seguramente confirmarán el hecho, pero no tienen mandato para determinar quién utilizó tales armas. El gobierno norteamericano, por su parte, no tiene dudas sobre el hecho (como en Irak) ni tampoco de que el responsable es el dictador sirio.
Ni los tratados internacionales, ni la posible condena y reacción de la ONU, por su violación y por la responsabilidad colectiva de proteger a poblaciones vulnerables (intervención humanitaria), ni la amenaza de un ataque militar norteamericano disuadieron al gobierno sirio de usar armas químicas. El Consejo de Seguridad de la ONU tampoco ha logrado el consenso necesario para condenar y menos actuar para sancionar al transgresor y prevenir futuras masacres del pueblo sirio. China y Rusia se han opuesto a ello.
 Sin embargo, varios países, los sudamericanos (Unasur) entre ellos, sí han condenado un posible ataque militar norteamericano contra el régimen sirio, y han hecho un llamado por la paz y las negociaciones (que no ha prosperado), sin poner énfasis en el genocidio perpetrado y sin proponer una acción realista y urgente para evitar su recurrencia. La seguridad de la población no parece preocupar tanto como el "intervencionismo" y la soberanía del Estado represor. La violación a los derechos humanos, por másaberrante que sea, pasa a segundo plano.
 Como en otras ocasiones similares (Panamá, Kosovo, Libia), la parálisis o abdicación de la responsabilidad multilateral, da lugar a una intervención unilateral y militar de Estados Unidos. Aunque su presidente, el "guerrero renuente", prefiere la acción multilateral y no quiere a su país en otra guerra (ha terminado la de Irak y está finalizando la de Afganistán), la horripilante situación siria y las presiones para intervenir han podido más que su preferencia. Alguien tiene que encargarse de la gobernanza global.
 Al presidente Obama lo "impulsan" a intervenir varias exigencias inherentes a la condición de líder y primera potencia mundial de Estados Unidos. Entre ellas, la responsabilidad moral y humanitaria que ha asumido para proteger la vigencia de derechos humanos elementales y de normas internacionales como la prohibición del uso de armas bioquímicas; la obligación de cuidar sus intereses geopolíticos y estratégicos en la región y los de sus aliados (Israel, Jordania, Egipto, Arabia Saudita, Turquía, Irak); la necesidad de prevenir la impunidad y el uso futuro de armas químicas en la región y además evitar que Irán (y Corea del Norte) se sientan envalentonadas para lograr armas nucleares; la presión doméstica e internacional de castigar y debilitar al régimen de Al-Assad y facilitar su caída y la victoria de la oposición; y por último, la responsabilidad de mantener la autoridad y credibilidad de su presidencia y de su país.
Dada la considerable oposición de la opinión pública(59%) a un ataque militar, y las constantes críticas de importantes sectores republicanos, demócratas y del Tea Party, por diferentes y opuestas razones, el presidente solicitó al Congreso estadounidense autorizar o no el ataque militar. No está claro cuál será el resultado de la votación, pero en cualquier caso es muy probable que la inestabilidad, inseguridad y violencia de la región continúe o empeore.
 La parálisis y fracaso del multilateralismo para prevenir o reaccionar rápida y contundentemente contra la comisión de crímenes de lesa humanidad y así asegurar la paz y la seguridad internacional (que de hecho facilita la intervención unilateral) exige una profunda reflexión tendente a modificar y revitalizar el papel de la ONU y su Consejo de Seguridad. Un elemento a considerar es la democratización de su sistema de decisiones: aumentando el número de miembros permanentes, eliminado o relativizando su derecho al veto (que inmoviliza a la ONU y la torna irrelevante en casos que requieren intervención humanitaria), y permitiendo una mayor participación de su Asamblea General en decisiones sobre crisis humanitarias en base a informes del secretario general.

Profesor en George Washington y Georgetown University


Estados Unidos y Paraguay, ¿una nueva relación?


Estados Unidos y Paraguay, ¿una nueva relación?

ABC COLOR, Asunción, Paraguay
22 De Setiembre de 2013

Es probable que el presidente Horacio Cartes se encuentre con el presidente Obama durante su próxima visita a las Naciones Unidas, lo que podría ser la ocasión para relanzar o revitalizar la relación entre ambos países.
El nuevo gobierno paraguayo, electo en comicios ejemplares en abril pasado, busca una nueva inserción regional e internacional, más dinámica, más flexible y más diversificada, particularmente después de la injusta e ilegal suspensión que el país sufrió por parte del Mercosur y de Unasur. Estos alegaron que se derrocó ilegítimamente al Presidente Lugo (junio de 2012), cuando en realidad se lo destituyó vía juicio político parlamentario y constitucional, a pesar de la presión y la injerencia de los cancilleres sudamericanos llegados a Asunción y liderados por el canciller venezolano, Nicolás Maduro –quien además arengó a los militares paraguayos para que salieran a defender a Lugo–.
Argentina, Brasil y Uruguay utilizaron la ausencia paraguaya del bloque regional para incorporar torpe e ilegalmente a su aliado ideológico, Venezuela –incorporación que el Congreso paraguayo había negado previamente.
A pesar de ello, el Presidente y su canciller, Eladio Loizaga, han destacado la importancia que tienen para el Gobierno y el país las relaciones bilaterales con sus vecinos y tienen la determinación de recomponerlas. La participación plena de Paraguay en las actividades del Mercosur dependerá de cómo se resuelve la presencia ilegal de Venezuela en el bloque, incluyendo ahora su presidencia del mismo. La situación se complica además por el retiro de Venezuela del sistema interamericano de derechos humanos (La cláusula democrática del Mercosur implica un compromiso con la democracia y los derechos humanos).
Este curso de acción comenzó en reuniones del Presidente con sus pares durante la inauguración presidencial y en el cónclave de Unasur en Surinam, y existe una agenda de visitas presidenciales a Argentina, Brasil, Chile y Uruguay, con propuestas para avanzar en temas de comercio, zonas francas, transporte, puentes, represas, energía, aduana, infraestructura, seguridad fronteriza, cooperación técnica, entre otros. Las recientes visitas a Argentina y Chile concluyeron con importantes coincidencias para adelantar los mismos. Paraguay busca flexibilizar su relación política y comercial con el Mercosur, para abrirse al mundo y profundizar, por ejemplo, su interacción comercial con los países de la Alianza del Pacífico (Chile, Colombia, Costa Rica México, Perú). Su canciller ha expresado que Paraguay no puede limitar sus relaciones exteriores al Mercosur.
El potencial de desarrollo del país es considerable, por sus recursos naturales y su ubicación en el corazón de Sudamérica (se estima que este año crecerá más del 12%). Su desarrollo económico es un requisito fundamental para que el Presidente pueda cumplir su compromiso de emprender una lucha exitosa contra la pobreza. Cartes es un hombre moderno, con capacidad gerencial, con visión y objetivos claros para sacar el Paraguay del subdesarrollo. Es un empresario que cree en las fuerzas del mercado y el libre comercio como motores del desarrollo, sin descuidar el poder regulatorio y guiador del Estado. Bajo su conducción política tiene un gabinete de fuerte tinte profesional con el que pretende llevar a cabo una gestión estatal eficaz (efectiva y eficiente). Pero el país requiere inversiones para expandir su sector agropecuario, industrial y energético y desarrollar su capacidad de exportación más allá del Mercosur. Por ello, el Presidente también se comprometió a combatir la corrupción y garantizar la seguridad jurídica y la vigencia del estado de derecho –imprescindibles para generar la confianza de los inversores–. Paraguay y su Presidente merecen el apoyo de los gobiernos vecinos y el de los Estados Unidos.
Estados Unidos, como líder hemisférico interesado en la democracia, economías de mercado y el libre comercio, debería apoyar expresamente los esfuerzos de este nuevo Paraguay –país que ha sido históricamente un fiel aliado–. No debería abandonarlo a la esfera de influencia del Brasil, supuesto líder de la sub-región, y al que no ha querido ofender. Paraguay es una nación con un profundo sentido de soberanía e independencia y no se someterá a encasillamientos arbitrarios.
Así, el Gobierno estadounidense podría apoyar diplomáticamente la inserción paraguaya en la Alianza del Pacífico y podría alentar el comercio bilateral y la inversión norteamericana en sectores estratégicos como el agropecuario-industrial y el energético renovable. También podría colaborar en la lucha contra el narcotráfico y la perturbadora guerrilla. A tal efecto, ambos países podrían iniciar conversaciones para explorar cómo reactivar el Tratado de Amistad, Comercio y Navegación de 1859, todavía vigente.

*Profesor de las Universidades de Georgetown y de George Washington

OBAMA: PALOMA O HALCON?


OBAMA:  PALOMA O HALCON?


RUBEN M. PERINA, Ph.D. *

Un poco de ambos.  El presidente Obama prefiere la diplomacia a los ataques militares, el multilateralismo al intervencionismo unilateral para solucionar crisis humanitarias, la paz a la guerra, y no quiere a Estados Unidos en otro conflicto bélico con final incierto. 

Pero a la vez está condicionado por la noción generalizada en la clase y cultura política norteamericana de que Estados Unidos es la nación indispensable y excepcional, y de que, por ser potencia y líder mundial, tiene la responsabilidad moral de actuar cuando la comunidad internacional no lo hace en casos de crímenes contra la humanidad, así como la obligación de proteger sus aliados e intereses geopolíticos estratégicos  (Esta obsesión intervencionista la sufrió Centro América y el Caribe en el siglo XX). Pero además, Obama no puede parecer débil, indeciso o incompetente, ni parecer culpable de disminuir el poder estadounidense en la gobernanza global. Por eso aumentó las fuerzas militares en Afganistán,  persiguió y liquidó a Bin-Laden, intervino en Libia, y usa “drones” contra extremistas islámicos.  

Tamaño dilema. Su reluctante inclinación al uso de la fuerza contra el régimen sirio de Al-Assad,  por haber éste utilizado armas químicas contra civiles, se encontró inesperadamente con una considerable crítica y oposición en la opinión pública (más del 60% “cansado de guerras”). Se acopló a este sentimiento la clase política.  Paradójicamente, líderes del partido Republicano, tradicionales “halcones”, han objetado la idea del ataque por su supuesta falta de claridad en los objetivos, por puro  partidismo o por simple desdeño de Obama. Igualmente el pequeño pero influyente “Tea Party,” que tiene una postura no-intervencionista y aislacionista invariable. Por ello el presidente pidió autorización al Congreso para atacar.  Sólo una minoría de “halcones” en el Congreso (liderados por el Senador McCaine) y en centros de análisis conservadores apoyaban el ataque militar --aunque también  criticaban a Obama por la tardanza en hacerlo o por lo limitado que sería. Algunos líderes demócratas fieles al presidente también acompañaban el ataque militar.

Pero a Obama lo salvó una acuerdo/propuesta norteamericana/rusa, aceptada por Siria, que obliga al régimen a entregar y destruir sus armas químicas. La amenaza e inminencia del ataque tuvo su efecto.  El régimen ya entregó el inventario de armas químicas –que siempre negó las poseía—y la solución diplomática vía Naciones Unidas (ONU) y su Consejo de Seguridad está en camino. Pero su implementación será difícil y compleja mientras continúe la guerra civil/sectaria siria.

El acuerdo fue un alivio o “salva-vidas” para todos:  Los legisladores norteamericanos no tuvieron que votar en contra de la opinión pública ni del Comandante en Jefe. Obama no tuvo que ir contra su preferencia, y hasta puede argüir que su “estrategia’ logró que los rusos presionaran a Al-Assad a entregar sus armas químicas, y que el éxito se debió a la amenaza de una intervención militar.  Rusia no perdió  su principal aliado en la región ni su base naval en Siria. Al-Assad permanece en el poder, y si cumple con la obligación impuesta,  hasta podrá clamar victoria y seguir masacrando impunemente a civiles por otros medios.

Los claros perdedores han sido la oposición armada (el Ejército Libre Sirio), que se hubiese beneficiado del ataque norteamericano --aunque probablemente ahora recibirá mayor apoyo clandestino de la CIA. Y por supuesto la población vulnerable siria sometida a los sufrimientos y tragedia de la guerra interna, con sus 100 mil muertos desde marzo del 2011 y 2 millones de refugiados.  La región tampoco quedará libre de inestabilidad, inseguridad y violencia mientras continúe Al-Assad en el poder, lo que seguirá presentándole al guerrero renuente  el desafío del  dilema de intervenir o no. 



*Ph.D. Profesor en la Universidad de Georgetown.


PARAGUAY: ENTRE MERCOSUR Y LA OEA
Rubén M. Perina, Ph.D.1
ABC Color, Asuncion, Paraguay
10 de julio, 2012

Algunos gobiernos de América Latina, entre ellos los de Bolivia, Ecuador, Nicaragua y
Venezuela, han condenado y denunciado como golpe de estado la destitución constitucional del
ex-presidente Lugo del Paraguay --en supuesta defensa de la democracia paraguaya.
Pero lo irónico y absurdo de esto es que son ellos mismos los que están destruyendo lenta pero
deliberadamente sus propias democracias (con “golpes en cámara lenta”), utilizando elecciones
democráticas para establecer “dictaduras constitucionales.” Perpetran este golpe a través del
control del poder legislativo, judicial y electoral, el acoso a la prensa independiente, la
persecución de políticos opositores, la concentración del poder en la presidencia y el abuso de
los recursos del estado para imponer un modelo estatista, personalista, populista y clientelista --
en violación de la Carta Democrática Interamericana (CDIA).

A ese juego deshonesto y retorcido, el MERCOSUR (Argentina, Brasil y Uruguay) y la Unión
de Naciones Suramericanas (UNASUR), le agregaron la insólita decisión de suspender a
Paraguay de ambos organismos. Los “mercosurianos” inclusive incorporaron simultáneamente
a Venezuela --incorporación a la que se había opuesto tenaz y repetidamente el senado
paraguayo. Sin la participación de uno de sus miembros fundadores, ello no es sólo poco
democrático y violatorio de su tratado (e irónicamente del debido proceso), sino que parece más
bien una burda venganza. Pero además se humilló gratuitamente a la delegación paraguaya
cancelándole reservas de hotel y no permitiendo su presencia en la reunión, antes de la sanción.
Algo inédito que perturbará por largo tiempo las relaciones diplomáticas de la subregión.

Claro, a los países del Mercosur les interesa el acceso al mercado venezolano (que importa casi
todo lo que consume), su petróleo subsidiado y los petrodólares que el caudillo Chávez
distribuye personalmente a espaldas de su propio pueblo y sin control alguno. Lo lamentable e
inexplicable de esto es que proviene de países democráticos (aunque unos más que otros),
tradicionalmente respetuosos y defensores del principio de la no-intervención. Y es peor aún
porque a la vez ignoran los “golpes en cámara lenta” que se perpetran en otros países. La
democracia paraguaya y la legalidad y transparencia de las decisiones del Mercosur quedaron a
un lado. Mercantilismo mata democracia.

También buscaron la suspensión del Paraguay de la OEA, pero aquí hasta ahora ha triunfado la
sensatez --que resulta del diálogo, del debate y la confrontación diplomática de diferentes
perspectivas sobre una misma realidad, dentro de reglas institucionalizadas históricamente. El
10 de julio pasado, el Consejo Permanente de la organización escuchó un conciso y objetivo
informe del Secretario General sobre la situación en Paraguay. También oyó una punzante
alocución del embajador paraguayo. En su informe el Secretario General advirtió que una
exclusión del Paraguay, con elecciones ya programadas para abril de 2013, no contribuirá al
1 Profesor de las Universidades de Georgetown y George Washington, y ex funcionario de OEA.
fortalecimiento de la democracia en ese país, y propuso el envío de una Misión Especial para
apoyar la gobernabilidad democrática y garantizar la realización de elecciones justas. Las
cancillerías y sus embajadores lo analizarán y lo debatirán en el Consejo Permanente, donde se
decidirá qué hacer respecto a la situación del Paraguay. Pero lo importante es que no ganó el
pensamiento único, ni se excluyó sumariamente al Paraguay, como ocurrió con MERCOSUR y
UNASUR. Y es probable que el pluralismo “ideológico” existente en la organización no permita
llegar al extremo de suspender al Paraguay.

De todas maneras, cabe recordar que el ex - presidente Lugo no sólo decidió aceptar “hasta las
últimas consecuencias” las reglas del juicio político aprobadas por el congreso, sino que también
decidió no invocar la CDIA, como se lo sugirió su embajador ante la OEA y el mismo
Secretario General. Bolaños de Nicaragua, Morales de Bolivia y Correa de Ecuador así lo
hicieron y preservaron la institucionalidad democrática cuando ésta se veía amenazada. Es
posible que Lugo rehusase hacerlo porque creía que no lo destituirían (dudable), o porque recibió
la presión (probable) de líderes sudamericanos que no querían involucrar a la OEA --para
impedir la participación de Estados Unidos y Canadá en la solución de la crisis paraguaya. Pero
sí llamó a los cancilleres de UNASUR que llegaron apresuradamente para detener el juicio
político, lo que fracasó por el rechazo contundente de senadores paraguayos. Y es público que el
venezolano Nicolás Maduro instó a militares paraguayos salir a la calle para defender a Lugo --
violando descaradamente el principio de la no intervención (todavía invocado anacrónicamente
por Venezuela en contra de Estados Unidos).
Quizás se pudiese haber logrado un juicio político menos expedito y con mayores garantías para
la defensa del ex-presidente (aunque el resultado no habría cambiado), si se hubiesen utilizado
los mecanismos institucionales existentes en la OEA. Como lo permite la CDIA, el Secretario
General o un Estado Miembro podrían haber activado, por lo menos una semana antes de la
destitución, una Misión como la realizada por el Secretario General, o una reunión del Consejo
Permanente para un análisis colectivo de la situación. De todas maneras, las sugerencias
ofrecidas por el Secretario General en su informe parecen por ahora un instrumento práctico y
útil para fortalecer y preservar la democracia paraguaya. Mucho mejor que la suspensión.

Paraguay, entre la espada y la pared
Sábado 10 de agosto de 2013
Perfil.com
Buenos Aires, Argentina. EDICIÓN IMPRESA

Por Rubèn M. Perina | 10/08/2013 | 00:37

El presidente electo del Paraguay, Horacio Cartes, y sus asesores
han expresado que el país no retornará a un Mercosur presidido
por Venezuela, país incorporado ilegalmente como miembro pleno
del grupo el 12 de julio pasado. Con el amplio apoyo de la opinión
pública y coincidente con el actual gobierno, Paraguay rechaza su
indebida suspensión del grupo por parte de Argentina, Brasil y
Uruguay (el trío prepotente) y objeta sus flagrantes transgresiones
al Estado de derecho subregional. Encomiable y valiente postura la
del gobierno electo. Desafía la arrogancia, la ceguera ideológica y
la torpeza diplomática de sus vecinos, que han llevado al bloque a
un callejón sin salida.

Así, Paraguay no deja pasar por alto la violación al principio de no
intervención perpetrada por los cancilleres de la región,
encabezados por Nicolás Maduro, cuando arribaron a Asunción en
junio de 2012 para detener el juicio político del Congreso
paraguayo contra el presidente Lugo, aliado ideológico del
“neoprogresismo” y su (anacrónico) antiimperialismo. Maduro
incluso es persona non grata en Asunción porque prepotentemente
arengó a los militares paraguayos para que saliesen a defender a
Lugo.

Cartes y sus asesores tampoco olvidan la violación al Estado de
derecho mercosuriano incurrida por la cuádruple alianza (Argentina,
Brasil, Uruguay y Venezuela), que usó la destitución constitucional
de Lugo (tildada de carente de “debido proceso”) como pretexto
para suspender ilegalmente a Paraguay del bloque, sin siquiera
permitir su presencia en la reunión de Mendoza para explicar lo
acontecido, violando el Tratado de Asunción y elementales
prácticas diplomáticas. Fue el “castigo” por el “atrevimiento” del
Senado paraguayo de no ratificar la incorporación de Venezuela.

Como si fuera poco, el trío arbitrariamente incorporó a Venezuela
transgrediendo otra vez el Tratado, que requiere unanimidad para
tal decisión. Agregando insulto al daño, el trío omnipotente permitió
que Venezuela asumiera la presidencia del grupo, lugar que le
correspondía a Paraguay por norma de rotación. Peor todavía, su
presidente ahora es el “no grato” Maduro, cuya legitimidad es
cuestionada en su propio país porque asumió la presidencia
inconstitucionalmente (vía autogolpe) luego de la muerte de
Chávez y fue reelecto por una mínima diferencia en elecciones
irregulares e impugnadas. El trío arrollador nada dijo sobre esto (ni
sobre las violaciones constitucionales en Bolivia, Ecuador y
Nicaragua) y parece más interesado en el mercado venezolano
(importa el 80% de lo que consume) y su petróleo que en la
legalidad del Mercosur y la democracia venezolana.

Ante ello, Paraguay no puede retornar cabizbajo, aceptando la
humillación sufrida y la violación a la normativa del Mercosur, como
pretende el torpe trío. El Estado de derecho regional e
internacional, incluyendo el respeto a la soberanía nacional y a la
no intervención, representa la principal garantía que los Estados
como Paraguay tienen para protegerse de la agresión o del abuso
de poder de las potencias regionales o globales. Por eso el país
insiste en el respeto y la vigencia de tales normas de convivencia.
A Paraguay lo han puesto entre la espada y la pared. Y como el
desacertado trío no va a revertir sus desastrosas decisiones, al
nuevo gobierno no le queda otra que esperar hasta que en el
Mercosur se encuentre una solución que satisfaga sus intereses,
respete su dignidad y el Estado de derecho subregional. Paraguay
no debe volver al Mercosur aceptando la incorporación de facto de
Venezuela y su presidencia.

Eso no significa, sin embargo, como lo ha expresado el presidente
electo, que no se pueda dialogar y negociar bilateralmente con el
trío, pero también con cualquier otro Estado para incrementar y
mejorar las relaciones comerciales y diplomáticas con todos.
Paraguay no debería quedar atado a un esquema caduco que ya
no le conviene. Gracias a las nuevas tecnologías de la información
y la comunicación el mundo está abierto y lleno de oportunidades
para el ahora pujante país (crecerá 10% en 2013). Con la Alianza
del Pacífico (Chile, Colombia, Perú y México), Estados Unidos,
China y la Unión Europea se pueden explorar acuerdos de
cooperación a fin de abrir mercados y atraer inversión y tecnología
para el desarrollo.

El compás de espera permitiría conversaciones o negociaciones
sobre una posible solución: un nuevo Tratado del Mercosur,
incluyendo a Bolivia y Ecuador, con renovados objetivos y
compromisos que generen seguridad jurídica y confianza para
avanzar solidariamente en la gobernanza democrática regional, la
integración y la prosperidad económica de todos.

􀀀*Profesor en la Universidades de Georgetown y George Washington  

El Retorno del Paraguay al Mercosur

RUBÉN M. PERINA | EL UNIVERSAL
Caracas, viernes 14 de junio de 2013 12:00 AM

Argentina, Brasil y Uruguay, en junio de 2013, suspendieron sumariamente
al Paraguay del Mercosur, por haber el congreso paraguayo destituido,
constitucional y legítimamente, al presidente Fernando Lugo, aliado
ideológico de los mandatarios de esos países. Lo hicieron violentando el
tratado del Mercosur y sin siquiera permitir a la delegación paraguaya
exponer su posición, incorporando además ilegalmente a Venezuela como
miembro pleno del bloque. Un verdadero atropello a las normas
internacionales y a la soberanía y dignidad del Paraguay. Por ello el retorno
al Mercosur requiere se considere el siguiente curso de acción:
Valorar como positiva la postergación de la reunión de fin de junio del
Mercosur hasta después de la asunción del presidente Cartes, el 15 de
agosto.
Solicitar a esos países que se levante la suspensión de Paraguay con
anterioridad a dicha reunión, ya sea antes o después de la inauguración del
nuevo presidente.
Requerir que se respete el turno de la presidencia pro-tempore del Paraguay
en el Mercosur, tal como le corresponde.
Comprometerse a solicitar al Congreso de la República la aceptación de la
incorporación de Venezuela al Mercosur, antes de la reunión del bloque o
inmediatamente después, pero bajo la condición de que el gobierno
venezolano se disculpe por el flagrante intervencionismo del Canciller de ese
momento (actual presidente Nicolás Maduro), en los asuntos internos del
país durante su visita a Asunción en la víspera de la destitución de Lugo y, en
el marco de la cláusula democrática del Mercosur, que ese gobierno reitere
su compromiso con la Carta Democrática Interamericana y la Convención
Inter-americana de Derechos Humanos, la cual ha denunciado.
Solicitar al Mercosur la flexibilización del tratado vigente y en particular de
la Resolución 32 del 2000 que prohíbe a sus miembros por sí solos negociar
acuerdos comerciales con países fuera del bloque. Esto a los efectos de poder
ejercer su plena soberanía comercial y buscar relaciones que beneficien más
directamente al desarrollo del país. Cuanto más abierta una economía es,
mayor es su prosperidad. Según reportes periodísticos, pareciera que Brasil
mismo estaría interesado en esta posibilidad y Uruguay sería un entusiasta
aliado.
Iniciar conversaciones con el gobierno de USA para activar el Tratado
vigente con ese país sobre Amistad, Comercio y Navegación de 1859, que
esencialmente es un tratado de libre comercio y otorga al Paraguay
beneficios de nación más favorecida. Los recientes acuerdos comerciales
entre Brasil y México y entre Uruguay y Estados Unidos sirven de
precedentes.
Mantener la iniciativa de integrarse como observador y eventual miembro de
la Alianza del Pacífico (Chile, Colombia, México y Perú).
Solicitar al gobierno brasileño que permita acceso a sus archivos de la Guerra
de la Triple Alianza, a los efectos de facilitar las investigaciones históricas
sobre el tema. Los archivos paraguayos de la misma, devueltos por el
presidente Figuereido, están disponibles al público en Asunción.
Exhortar al gobierno argentino que cancele su deuda de 34 millones de
dólares que debe a la Entidad Binacional Yacyretá en concepto de
compensación por la cesión de energía el año pasado, antes de la asunción
del presidente electo Cartes.
Buscar un acercamiento estratégico con las provincias argentinas (Formosa,
Chaco, Corrientes y Misiones) y los estados brasileños (Mato Grosso du Sul,
Paraná, Santa Catarina y Rio Grande do Sul), para impulsar una mayor
cooperación e integración comercial y cultural de beneficio mutuo en ambas
zonas fronterizas. Sus empresarios, habitantes y gobernadores pueden ser
aliados poderosos del gobierno paraguayo en su relacionamiento y
negociaciones con los gobiernos centrales de ambos países --siempre
alejados e ignorantes de las realidades fronterizas.
Estos lineamientos, entre otros, no solo podrían contribuir a fortalecer la
dignidad y soberanía nacional, sino que además podrían ayudar al Paraguay
a recuperar su libertad de acción, ya que el bloque se ha desvirtuado y no ha
generado los beneficios que se esperaban de él. Paraguay no debería
quedarse atado para siempre a un esquema que no le conviene y que está
dominado por socios que no respetan sus reglas y quieren imponer
su modelo político --que en este caso parece estar alejándose de la
democracia constitucional que tanto le costó al país recuperar.
Ph.D.*
Ex-funcionario de OEA y profesor de la Universidad de Georgetown.