Monday, March 30, 2015




Hemisferio Fragmentado
Rubén M. Perina *

A pesar del compromiso inter-americano con la promoción y defensa colectiva de la democracia a través de la Carta de la OEA (1985) y su Carta Democrática Inter-Americana (CDIA) de 2001,  el gobierno de Venezuela, con el apoyo de los de Argentina, Bolivia, Brasil, Ecuador, Nicaragua, Republica Dominicana, y los del Caribe dependiente de la dádiva petrolera (“alianza chavista”),  se opuso  a la realización de la reciente reunión del Consejo Permanente de la OEA (CP/OEA, 6-7 de Marzo) sobre la crisis política en Venezuela.  Maduro rechazó el “intervencionismo” de la OEA, alegando que es un instrumento de dominación del “imperio” y de la conspiración de sus lacayos internos para derrocarlo,  y rompió relaciones con Panamá por convocarla. Aunque no pudo detenerla, la alianza logró  que la reunión  fuese a puertas cerradas y que aprobase, sin unanimidad, una declaración inocua que no contempla el “intervencionismo” de la OEA y libera a Maduro de toda responsabilidad por la crisis política en su país.

La reunión dejó varias lecciones sobre la realidad de las relaciones inter-americanas y los límites de un organismo inter-gubernamental como la OEA:

 ¿ Qué hegemonía de Estados Unidos?   La reunión mostró una vez más que la OEA no está dominada por el poder ”hegemónico” del “imperio” ni sus “lacayos” que la “alianza chavista” argüía para no permitir el tratamiento de la crisis venezolana  en la OEA.  Lo cierto es que el gobierno de Estados Unidos desde hace tiempo no ejerce su peso ni influencia en la OEA ni en América Latina en lo que respecta al  tema de la democracia,  ya sea por desidia, indiferencia, incapacidad de sus diplomáticos, o por preocupación en otras regiones (Medio Oriente, Afganistán, Ucrania). Su diplomacia ni siquiera pudo convencer a los países del Caribe que la reunión sea abierta o que la declaración inste a Venezuela a aceptar una misión de “buenos oficios” de la OEA para observar y posiblemente facilitar el diálogo entre la oposición y el gobierno. Esta “ausencia” o inefectividad es frecuentemente criticada por sectores “latinoamericanistas” y del partido republicano que empujan una política latinoamericana más  activa y visible  de promoción y defensa de la democracia.
 Mercantilismo mata democracia.   El chavismo ha utilizado su enorme riqueza petrolera para construir una alianza mercantilista y anti-norteamericana que lo protege  del “intervencionismo del imperio”, y/o de cualquier crítica por fraude electoral, control de todos los poderes, persecución a los medios, encarcelamiento de opositores políticos y estudiantiles,  violencia y  muertes ocurridas (más de 20). A la “alianza chavista” no le molesta la injerencia castrista en los asuntos venezolanos, ni el intervencionismo chavista y sus petrodólares a favor de sus aliados políticos internos. Tampoco le perturba el chantaje que ejerce para conseguir el voto  del Caribe dependiente, so pena de perder los beneficios de la dádiva petrolera. También ignora los insultos y descalificaciones groseras que el chavismo profiere a gritos contra los opositores internos y externos, o la descarada y abierta injerencia de Maduro en  Paraguay. Lo que sí le interesa a la “alianza” es el petróleo regalado, y los dólares para las campañas electorales y la compra de sus exportaciones (Venezuela importa el 80% de lo que consume). 

 Fin del consenso.  La reunión mostró un retroceso en el consenso y compromiso inter-americano para la  promoción y defensa colectiva de la democracia a través de la OEA que existía por lo menos hasta la firma de la CDIA.   Más bien, la alianza chavista busca marginar a la OEA y por ende a Estados Unidos y Canadá de cualquier participación en ese tema y por ello han impulsado la creación de UNASUR y la CELAC.  Aunque estos organismos tampoco garantizan unidad monolítica, excepto en la condena de un golpe de estado y la exclusión de un gobierno golpista. El retroceso resulta de la división “ideológica” que se avizora en el continente, a grandes rasgos,  entre la “alianza chavista”  y  la “alianza” del Pacífico (Chile, Colombia, Costa Rica, México, Perú,  Estados Unidos y Canadá).  La idea de una América unida por la democracia y el comercio  hoy parece anacrónica o inalcanzable.

Los límites de la OEA. El efecto inmediato de la  fragmentación continental es la parálisis de la institución. Su accionar refleja y depende del estado de las relaciones inter-americanas. Sin consenso pierde efectividad. Por otro lado, la OEA, como otros organismos inter-gubernamentales, es un club de los poderes ejecutivos y sus cancillerías. Por ello,  durante una crisis de gobernanza democrática, que con frecuencia resulta de conflictos inter-institucionales o entre sectores opositores de la sociedad y el gobierno,  los únicos que tienen derecho a voz y voto en una reunión del organismo son precisamente los representantes de los poderes ejecutivos, sin importar que éstos sean los que violan sus propias constituciones, los derechos humanos, el estado de derecho o las más fundamentales libertades. La “oposición” no tiene voz ni voto. Esta falta de democracia interna hoy ya es una anacronismo, particularmente cuando todos los Estados miembros son democracia.  Ello restringe su capacidad de actuar como foro o ente neutral para facilitar el diálogo y contribuir a la gobernanza democrática.  Ambas realidades marcan  los  límites de la organización.


Marzo, 2014



* Profesor de la George Washington University


GANADORES y PERDEDORES EN LA OEA
Rubén M. Perina, Ph.D.*


Una vez más la reunión del Consejo Permanente de la OEA, del pasado Viernes 18, evidenció  lo dividido que está el continente y cómo ello paraliza a la organización y la margina como instrumento inter-americano para promover y defender colectivamente la democracia en sus estados miembros. Una mayoría (22) de los representantes de los 34 países votó, primero, para que la reunión sea cerrada al público y la prensa.  Esa mayoría  o “alianza chavista” fue  liderada por Venezuela, con el apoyo de Argentina, Bolivia, Brasil, Ecuador, El Salvador, Haití, Nicaragua, Republica Dominicana, y de los 14 mini-estados del Caribe  (los lacayos del petróleo venezolano,  excepto Barbados). 

Luego, en privado, se le sumaron, inexplicablemente, Chile, Colombia, Paraguay  y otros para eliminar de la agenda una presentación, a pedido de Panamá, de la diputada venezolana opositora, María Corina Machado, sobre la crisis democrática por la que atraviesa su país.  Canadá, Estados Unidos, México, Panamá y Perú no pudieron evitar  la censura o el abuso de la mayoría. Irónicamente, el voto (y el petróleo) mató la transparencia y la libertad de expresión.  Esta triste realidad recuerda la frustración de los demócratas y defensores de los derechos humanos del hemisferio en la década de los 70, cuando las dictaduras militares del continente rechazaban como intervencionismo  cualquier intento en la OEA de siquiera hablar sobre esos temas.

La reunión también dejó claro ganadores y perdedores:
Una resonante victoria política y diplomática le correspondió a la diputada Machado que, aunque no le permitieron exponer formalmente, pudo transmitir al mundo en rueda de prensa su angustia y preocupación por la persecución y represión política que sufren los que se oponen al gobierno y protestan en las calles por la escasez, la inseguridad, la inflación, la impunidad,  la corrupción y la injerencia castrista. Y pudo exhortar públicamente a las democracias americanas a involucrarse en Venezuela para observar y frenar la alteración del orden democrático perpetuado por el régimen chavista, tal como se comprometieron en la CDIA. Les recordó que la democracia es mucho más que elecciones, que un gobierno electo debe por lo menos respetar los derechos humanos y las libertades fundamentales,  y que la vigencia y defensa de la democracia en su totalidad es responsabilidad de todos.  Por el “atrevimiento” Maduro rompió relaciones con Panamá e inició un proceso inconstitucional para quitarle la inmunidad parlamentaria a la diputada y someterla a juicio en cortes totalmente chavistas. Le esperan momentos difíciles a esta mujer cooo...rajuda.

Hubo varios perdedores.  Prima facie pareciera que la “alianza chavista” obtuvo una victoria al no permitir una reunión abierta ni la presentación de la diputada. Pero fue una victoria pírrica, porque con ella se devaluaron principios, instituciones, valores y prácticas democráticas como la transparencia, la libertad de expresión, la tolerancia, la separación de poderes, e inclusive el diálogo   --todos ellos consagrados en la OEA y en su Carta Democrática Inter-Americana (CDIA).  Maduro y sus aliados llaman al diálogo pero no quieren escuchar la voz de la oposición, la otra parte del supuesto dialogo  --y esto en un foro multilateral compuesto por supuestas democracias. Con ello también se erosionó  el régimen democrático inter-americano que esos mismos países ayudaron a construir  a principios de los noventa.  Y ni hablar de la imagen negativa que sus miembros generaron entre los demócratas del hemisferio. 

La OEA también quedó otra vez muy mal parada. La división continental y la victoria pírrica y perversa de la alianza chavista en efecto la paralizó y marginó de cualquier protagonismo que podría tener para contribuir a resolver la crisis venezolana. Quedó así descartada la posibilidad de enviar una misión diplomática de “buenos oficios” para observar el “dialogo” convocado por Maduro y facilitar su avance, si fuese acordado por las partes. Los otros perdedores fueron Estados Unidos y Canadá, que quedaron excluidos de participar por la vía multilateral en una posible solución a la crisis venezolana. Extrañamente, ninguno de estos poderosos estados pudo siquiera convencer a los caribeños de votar a favor de una  reunión pública, y menos todavía que se permitiera la exposición de la diputada Machado.

Lo ocurrido por otra parte levanta dudas sobre la efectividad que tendría la UNASUR, cuya intervención sí acepta la alianza chavista, para contribuir al diálogo y a una solución democrática y legitima en Venezuela.  Por lo visto en la OEA ese organismo subregional llegará a Venezuela ya sea sesgado por una mayoría a favor del chavismo o dividida e incapaz de actuar a favor de la democracia venezolana,  otra perdedora por ahora.



Marzo 2014

*  Profesor de Georgetown University y ex funcionario de OEA.












* Profesor de la George Washington University

Monday, October 7, 2013

RMP REFLEXIONES: Estados Unidos y Paraguay, ¿una nueva relación?

RMP REFLEXIONES: Estados Unidos y Paraguay, ¿una nueva relación?: Estados Unidos y Paraguay, ¿una nueva relación? Por  Rubén M. Perina (*) http://www.abc.com.py/edicion-impresa/opinion/estad...

US democracy and the Inter-American Democratic Charter


US democracy and the Inter-American Democratic Charter


The gridlock between the Republican controlled House and the Obama administration is destroying US democracy… It might require an inter-American collective diplomatic effort, in the framework of the  Inter American Democratic Charter,   to save it.  (Just kidding??) 

La ONU y la Intervención Humanitaria (o Multilateralismo vs Unilateralismo) plus Translation


La ONU y la Intervención Humanitaria (o Multilateralismo vs Unilateralismo)

Perfil,  Buenos Aires 
        
Por Rubén M. Perina | 14/09/2013 | 02:07

Igual que en Panamá, Kosovo, Libia, la parálisis de la Organización de Naciones Unidas (ONU) para resolver la crisis siria da lugar a una posible acción militar unilateral de Estados Unidos. Cuando falla el multilateralismo, el unilateralismo reina. 

Ahora el régimen sirio de Bashar al Assad admite posesión de armas bioquímicas, y es probable que las haya utilizado en agosto pasado, causando la muerte de más de 1400 civiles incluyendo unos 400 niños. Videos de la masacre son conmovedores. El hecho representa un crimen de lesa humanidad, violatorio de normas internacionales sobre armas químicas de 1925 y 1993. Los inspectores de la ONU seguramente confirmarán su uso, aunque no señalarán al responsable.

Ni tratados internacionales, ni la posible condena de la ONU por su violación y/o por la responsabilidad colectiva de proteger a poblaciones vulnerables (intervención humanitaria), ni la amenaza de un ataque militar norteamericano disuadieron al gobierno sirio de usar dichas armas.

En el Consejo de Seguridad de la ONU, el veto de China y Rusia (principal aliado sirio), ha impedido el consenso para condenar y sancionar al transgresor y prevenir futuras masacres. Varios países, entre ellos sudamericanos, sí han condenado un posible ataque militar norteamericano contra Siria, y han demandado negociaciones y paz, pero sin destacar el genocidio perpetrado y sin proponer una acción realista para evitar su recurrencia. La seguridad de la población no parece preocupar tanto como el “intervencionismo” y la soberanía del estado represor.

El gobierno estadounidense no tiene dudas de que el responsable es el dictador sirio y aunque su presidente prefiere la acción multilateral y no quiere otra guerra, la horrible situación siria lo ha convertido en el “guerrero renuente.” 
Varias exigencias inherentes a la condición de líder y primera potencia mundial de Estados Unidos lo inclinan a intervenir. Entre elllas, la necesidad de mantener la autoridad y credibilidad de su presidencia y de su país en lo doméstico e internacional; la responsabilidad moral y humanitaria que ha asumido unilateralmente (y presumidamente); la obligación de cuidar sus intereses geo-políticos y estratégicos en la región y los de sus aliados (Arabia Saudita, Israel, Jordania y otros); la necesidad de debilitar al régimen sirio y facilitar la victoria de la oposición, y de prevenir el uso futuro de armas químicas, así como evitar que Irán se sienta envalentonada para lograr armas nucleares.
Sin embargo, su inclinación al uso de la fuerza ha encontrado una considerable crítica y oposición en la opinión pública (más del 60% ) y en la clase política, por diferentes y opuestas razones, incluyendo la falta de claridad en los objetivos del ataque (¿limitado, o destitutivo de Al Assad?). Por ello Obama ha solicitado la autorización del Congreso pero no es seguro que lo conseguirá.
Afortunadamente, en los últimos días surgió una propuesta norteamericana/rusa, aceptada por Siria, que la forzaría a entregar y destruir su arsenal químico. La inminencia del ataque tuvo su efecto. Es una solución diplomática indesperdiciable, y un alivio o “salvavida” para todos. Nadie quiere la guerra. Pero su implementación via ONU será difícil y compleja mientras continue la guerra civil y Al Assad se mantenga en el poder. No hay garantías de que no siga masacrando a su población. Así, la inestabilidad, inseguridad y violencia de la región probablmente empeoren.
La parálisis del multilateralismo para responder rápida y contundentemente a la comisión de crímenes de lesa humanidad exige una profunda reflexión para revitalizar el Consejo de Seguridad como instrumento effectivo de una gobernanza global que garantice la paz y la seguridad internacional, y prevenga el intevencionismo unilateral. 
Un tema sería la democratización de su sistema de decisiones: aumentando el número de sus miembros permanentes, eliminado o relativizando su derecho al veto (que inmoviliza a la ONU cuando se requiere intervención humanitaria), y permitiendo una mayor participación de la Asamblea General en decisiones sobre crisis humanitarias.



Translated by Joseph A. Pearson
The UN and humanitarian intervention
Ruben M. Perina

As in Panama, Kosovo, and Libya, the paralysis affecting the United Nations (UN) in resolving the Syrian crisis gives way to possible unilateral military action by the United States. When multilateralism fails, unilateralism reigns.

The Bashar al Assad regime has now admitted to the possession of biochemical weapons which it is likely to have used last August in the killing of  more than 1,400 civilians, 400 of which were children. Videos of the massacre are distressing. This event represents a crime against humanity, in violation of international norms regarding chemical weapons established in 1925 and 1993. While UN inspectors can surely confirm the use of chemical weapons, they do not have the mandate to identify the perpetrators.

Nothing was able to discourage Syria from using these weapons. International treaties were ignored. A possible UN condemnation for committing this violation or for ignoring the collective responsibility to protect vulnerable populations (humanitarian intervention) had no effect. Even the threat of a U.S. military attack on the Syrian government did not deter its use of chemical weapons.

Within the UN Security Council, the Chinese and Russian veto power (both principal allies of Syria) has prevented the necessary to condemn the Syrian government, punish those responsible, or even to prevent future massacres. Several countries, including various South American ones, have denounced a possible U.S. military strike against Syria, demanding negotiations and peace. However, they have failed to highlight the genocide or propose realistic action to prevent the recurrence of any such event. The safety of the population does not seem as important as  "non-interventionism" and  sovereignty of the repressor.

The U.S. government is doubtless in its assertion that the Syrian dictator is responsible and, although its president prefers multilateral action and does not want another war, the horrible situation in Syria has made the U.S. a “reluctant warrior.”

Because of its status as a world power and leader, several of the inherent demands put upon the U.S compel it to intervene: the need to maintain the authority and credibility of the presidency and the country both domestically and internationally; the assumed (and presumed) responsibility it has taken on for global humanitarian and moral issues; the obligation to protect its geo-political and strategic interests in the region, as well as those of its allies (Saudi Arabia, Israel , Jordan and others ); the need to weaken the Syrian regime and facilitate the opposition’s victory; the need to prevent the future use of chemical weapons; and, finally, the desire to avoid the emboldening of Iran in the development of nuclear weapons .

However, the president’s inclination to use force, found considerable criticism and opposition in public opinion (over 60 %) and in the political class for different and opposing reasons, including the lack of clarity in the objectives of the attack (limited or to remove Assad?). Thus, President Obama has asked for congressional authorization, which is not sure he will obtain.

Fortunately, a recent American/Russian proposal has emerged and  been accepted by Syria. This proposal would force Syria to surrender and destroy its chemical arsenal. The imminence of a U.S. unilateral attack had its impact. Indispensable and diplomatic, this proposed solution is a “lifesaver" for all as no one wants war. However, the implementation of this proposal via the UN will be difficult and complex while the Syrian civil war continues and Al Assad remains in power. There are no guarantees that Syria will not continue to massacre its population. Thus, instability, insecurity, and violence in the region will probably worsen.

Multilateralism’s paralysis to respond quickly and decisively to crimes against humanity requires deep reflection to revitalize the Security Council as an instrument of global governance, one which would ensure international peace and security and prevent unilateral intervention. One consideration would be the possible democratization of the decision-making process: increasing the number of UN permanent members; eliminating or relativizing the veto (which immobilizes the UN when humanitarian intervention is required); and allowing greater participation by the General Assembly in decision making on humanitarian crises.