Sunday, November 22, 2020

Complejidad e incertidumbre en la elección de los EE.UU.

Rubén M. Perina

6 de octubre 2020

 
https://www.clarin.com/opinion/complejidad-incertidumbre-eleccion-ee-uu-_0_kCab6P4md.html

Clarín.com

La pandemia de covid-19 y el reciente contagio del presidente Trump le han inyectado aún más incertidumbre al proceso electoral de cara a las elecciones del 3 de noviembre -proceso que, de por sí, posee una marcada complejidad y singularidad.


Ciertamente, Trump dejará de hacer campaña en persona y de menospreciar el uso de la máscara y el distanciamiento social; su negación y mal manejo de la pandemia han sido irresponsables y deplorables. Los dos restantes debates presidenciales quedan en duda y el debate vice-presidencial entre Mike Pence y Kamala Harris asume nueva relevancia. El nuevo escenario no modificará la intención de voto, aunque sí ha generado preocupación sobre la capacidad del presidente de gobernar y de garantizar la seguridad nacional.


Pero la complejidad estructural y el funcionamiento del sistema electoral norteamericano también provocan ansiedad e incertidumbre. El sistema posee peculiaridades que lo distinguen de otros más centralizados y homogéneos que he observado como jefe de Misiones de Observación electoral de la OEA en varios países: cada estado (51) y hasta cada condado (3.111) tienen sus propias leyes, autoridades, padrón y tecnología; se vota un martes, día laborable; votar no es obligatorio y se lo puede hacer por anticipado o por correo postal. La votación por estas modalidades comenzó a mediados de septiembre en la mayoría de los estados.


La clave de la complejidad y peculiaridad del proceso electoral está en el Colegio Electoral, su piedra angular. Fue diseñado para preservar la preeminencia de los estados sobre el gobierno federal, para prevenir la elección popular directa de un demagogo, así como para evitar la sobre-representación y concentración de poder en los estados más poblados y más ricos y más progresistas (hoy en su mayoría en las costas del este y oeste).


En ese contexto, la elección presidencial es descentralizada e indirecta, con 51 elecciones organizadas por cada estado. Los votantes eligen un candidato y su lista de electores (seleccionados por las autoridades partidarias estatales); su número equivale al número de Representantes que le toca a cada estado por población más dos Senadores. El triunfador (aunque sea por un voto) se lleva todos los electores del estado. Se consagra presidente el que logre 270 de 538 posibles votos electorales. Lo peculiar es que un candidato puede ganar el voto popular nacional por millones en una minoría de estados populosos, mientras que otro puede ganar por un voto en una mayoría de estados poco habitados y llegar a los 270 necesarios, como pasó con Hillary Clinton que logró 3 millones de votos más que Trump, pero éste ganó el Colegio Electoral 306 a 227.


Cada estado tiene hasta el 8 de diciembre para resolver cualquier controversia sobre los comicios o la lista de electores. El 14 de diciembre, fecha perentoria, los electores deben reunirse en cada estado y votar por su candidato. Las autoridades electorales y el gobernador certifican la lista de electores con sus votos, la que se  debe enviar perentoriamente el 23 de diciembre al presidente del Senado Nacional. En sesión conjunta de las dos Cámaras del Congreso, el 6 de enero de 2021, se cuenta el voto de los electores y se certifica el resultado y el ganador.


Sin embargo, en cualquier estado pueden surgir impugnaciones que judicialicen el proceso por irregularidades, fraude, emergencia nacional o interferencia extranjera. Si las cortes no las resuelven, ello podría impedir que los electores se reúnan y que el gobernador certifique y envíe la lista de electores y sus votos al Senado. Podría ocurrir entonces que ningún candidato logre los 270 votos, en cuyo caso la elección pasaría a la Cámara de Representantes (a instalarse el 3 de enero) donde cada estado tiene un sólo voto, y el partido con mayoría en la delegación de Representantes decide el voto del estado. Esta complejidad del Colegio Electoral genera incertidumbre y podría causar una crisis institucional post-comicios sin precedentes recientes.


En ese contexto, es de destacar la insólita conducta de Trump: ha denunciado repetidamente (sin evidencia) que los Demócratas usarán el voto por correo para hacer fraude y ha insinuado que esa sería la única manera de perder y que no reconocerá su derrota. Preocupado estará por las encuestas que lo muestran detrás de Biden por 8-10 puntos porcentuales y con sólo un 40 % de aprobación.


Sus absurdas y poco serias denuncias e insinuaciones (rechazadas incluso por Republicanos) han provocado especulaciones sobre posibles aventuras extranjeras para generar apoyo a su re-elección y sobre posibles e inquietantes escenarios post-comicios: Trump podría no reconocer su derrota y judicializar los intrincados mecanismos del Colegio Electoral para forzar la conclusión del proceso en la Cámara de Representantes donde su partido podría controlar una mayoría de delegaciones.


Tales posibilidades han alarmado a la opinión pública por el potencial que tienen de socavar la legitimidad del proceso y los riesgos de una crisis constitucional. Ello, la incertidumbre y la polarización, debilitarían aún más la democracia norteamericana y su liderazgo del mundo liberal. La alarma es tal que hasta el Washington Post ha propuesto la creación de una Comisión bipartidista presidida por los ex presidentes Bush y Obama para supervisar las elecciones y confirmar su validez.


https://www.clarin.com/opinion/-peligran-comicios-_0_LzSPjYCcK.html

30 de julio, 2020, 

Rubén M. Perina

¿Peligran los comicios en los Estados Unidos?

Clarín.com

La pandemia del Covid-19 ha trastornado el proceso electoral de EEUU. El temor al contagio y la necesidad de garantizar la salud de los votantes y los funcionarios ha exigido modificar las actividades de la campaña y las de organización de los comicios presidenciales de noviembre. Las campañas del presidente Trump y del ex vicepresidente Biden ya son virtuales, vía plataformas digitales (Facebook, Youtube, Twitter, Zoom); virtuales también serán los debates presidenciales y las convenciones partidarias.

Pero las modificaciones requeridas para votar implican desafíos logísticos. 


En primarias recientes se cambiaron tradicionales recintos de votación (escuelas, iglesias) por estadios o centros de convenciones para acomodar más votantes con distanciamiento social e higiene. En Louisville (Ky), se armó un estadio de futbol para miles de votantes. Además, por temor al virus, numerosos funcionarios electorales renunciaron y los reemplazantes no fueron capacitados adecuadamente. En algunos distritos del estado de Nueva York se demoró la votación y el conteo y no se conocieron los resultados por tres semanas. En Georgia los cambios en tecnología produjeron largas colas, confusión y atrasos.


Los temores y riesgos de infección reducirán la votación en persona y aumentará el voto por correo postal. Este método es exclusivo en los estados de Colorado, Utah y Oregon. Un 68% del electorado nacional confía en su seguridad y se pronostica que el voto postal pasará de un 10% habitual a un 60%.


Pero sus complicaciones logísticas se han evidenciado en las recientes primarias. Se requerirá nueva tecnología para preparar (con código de seguridad), enviar, recibir, chequear y computar la “boletas postales”, y habrá que capacitar funcionarios y educar al votante; se extraviarán boletas o llegarán tardíamente, lo que demorará procesarlas y conocer los resultados.

Varios estados debaten si se envía la “boleta postal” a los votantes o éstos deben solicitarla, y si este modo será exclusivo o complementario al voto en persona. En todo caso, se deberán modificar las leyes, retrasando la organización del proceso y la capacitación de los funcionarios. Es una carrera contra el tiempo. También aumentará el voto anticipado, modalidad prevista para votar en días previos y lugares designados.


La institución del Colegio Electoral agrega incertidumbre al proceso. La elección presidencial es indirecta, con 50 elecciones (más el Distrito de Columbia, Washington D.C.) organizadas por cada estado. No existe autoridad ni ley federal electoral que organice y unifique el proceso. Federalismo extremo. En las 50 elecciones los votantes eligen a un candidato y su lista de electores (su número es igual a dos senadores más los representantes -diputados- que le toca a cada estado por población).

El ganador se lleva todos los electores del estado. La autoridad electoral del estado certifica la lista ganadora y la envía  al Congreso, donde en sesión conjunta (6 de enero 2021) se cuentan los votos de los electores y se proclama el ganador. Se triunfa con 270 de 538 votos. Un candidato puede ganar el voto popular y otro el voto electoral, como en 2000 y 2016.

En los estados pueden surgir impugnaciones que judicialicen el proceso e impidan que alguien logre los 270 votos. En tal caso, la elección pasa a la Cámara de Representantes, donde cada estado tiene un sólo voto.


Internet y las plataformas digitales también sirven para amenazar la integridad de las elecciones. Se usan para monitorear a los candidatos, para tergiversar los hechos, los datos, las imágenes y la opinión pública y para generar miedo, odio y dudas que dividen al electorado y erosionan su confianza en el proceso.Esta práctica (“sharp power”), con sus“bots” se usa para“hackear”, robar y modificar bases de datos y hasta resultados de una elección. La elección está expuesta a estas interferencias por actores internos o externos (Rusia, China,) y ya son parte de la guerra cibernética. Expertos, agencias de inteligencia y congresistas ya han advertido sobre este peligro.


Ante la creciente probabilidad de su derrota electoral, Trump ha rechazado la expansión del voto postal, argumentando que facilitará el fraude de los Demócratas, y ha amenazado con no reconocer su derrota. Sólo un 40 % aprueba su gestión y las encuestas lo tienen abajo por más de 10 puntos.

Tampoco ayudan los comentarios de ex funcionarios y asesores y de Republicanos relevantes sobre su incompetencia, negligencia, mentiras, narcisismo y tendencias autocráticas. Su conducta ha provocado especulaciones sobre posibles acciones agresivas en política exterior para generar apoyo a su re-elección, así como sobre posibles escenarios post-comicios que tensarían la institucionalidad democrática del país.


En conclusión, los desafíos logísticos, las peculiaridades del proceso, las amenazas cibernéticas y de Trump han generado un ambiente electoral enrarecido, marcado por especulaciones, desconfianza, incertidumbre y preocupación por la integridad de las elecciones de noviembre.


Rubén M. Perina es PhD en RR.II. Analista internacional y ex funcionario de OEA.

 

Thursday, June 25, 2020

Apuesta estratégica (hemisférica para un mundo multipolar)
Rubén M. Perina
La nueva realidad geopolítica se asemeja al sistema multipolar competitivo.
El mundo interdependiente y globalizado en que vivimos enfrenta diariamente desafíos “intermésticos” (parte internacionales y parte domésticos), que requieren una respuesta colaborativa y colectiva. La pandemia actual es un ejemplo. Otros son los desastres naturales, el terrorismo, el narcotráfico y trato de personas, la corrupción y el lavado de dinero, los ataques cibernéticos, la deuda externa, la proliferación nuclear, las tiranías con sus refugiados y exiliados.
Después de la Guerra Fría, este mundo contó con el liderazgo de EE.UU. y la hegemonía del mundo liberal; o sea con el predomino de la alianza de países comprometidos con la democracia, la libertad, el capitalismo y el libre comercio. Hoy esa hegemonía está mutando.

Mundo Multipolar. Insólitamente, en una generación hemos pasado de un orden mundial bipolar de la Guerra Fría (1945-1990), a uno unipolar de hegemonía liberal (1990-2020), a uno crecientemente multipolar (2020-?). Un mundo compuesto de varias potencias globales y regionales. Entre las primeras figuran EE.UU. y la Unión Europea, más China y Rusia, dos emergentes potencias autoritarias/autocráticas con economías capitalistas y proyecciones militares y geopolíticas; entre las segundas se perfilan Turquía, India, Israel e Irán.

La nueva realidad geopolítica se asemeja al sistema multipolar competitivo, de rivalidad y balance de poder entre grandes potencias, que prevaleció en el siglo XVIII o XIX. En este sistema internacional, cada estado busca ante todo aumentar su poderío económico y militar con políticas unilaterales, nacionalistas y proteccionistas.

Trump, el “disruptivo”. En medio del surgimiento de este nuevo mundo multipolar llega Donald Trump a la presidencia de EEUU (2017) con su lema “America First.” Su política exterior (y doméstica) errática, disruptiva y desconcertante erosiona sus alianzas estratégicas y el multilateralismo del orden liberal que el propio EE.UU. lideró desde la Segunda Guerra Mundial y a través de la Guerra Fría. Para el desconcertado sino avergonzado “establishment” (académicos, exfuncionarios, militares), su comportamiento es una retirada no-forzada, un ensimismamiento y abandono de poder, de protagonismo y de responsabilidades.

Sus acciones más llamativa incluyen sus altercados pueriles y distanciamiento de sus aliados europeos y asiáticos; su hostilidad al multilateralismo (NATO, TPP, Acuerdo de París, OMS, Tratado nuclear con Irán); su proyectada retirada militar de Afganistán, Iraq y Siria, cediendo espacio a China, Irán y Rusia; su creciente conflictividad con China (principal socio comercial y rival estratégico) sobre aranceles, los orígenes del Covid-19 y la autonomía de Hong Kong; sus erráticas negociaciones con el dictador norcoreano Kim Jon-un y su rara amistad con Vladimir Putin --a pesar de las sanciones del Congreso por su injerencia electoral en 2016, sus anexión de Crimea y asesinato de opositores. Notoria también es su abdicación de liderazgo durante la pandemia; ni siquiera ha intentado liderar una respuesta colectiva y colaborativa.

Debilitamiento institucional en EE.UU. En su respuesta al covid-19 y a las protestas sociales por el asesinato de George Floyd, Trump se ha mostrado insensible, confrontacional e inepto. Además de mentir descaradamente, divide la ciudadanía, vilifica a los medios y sus opositores, irrespeta el estado de derecho, abusa del poder presidencial y usa modos autoritarios y autocráticos para gobernar.
La nación se ve polarizada y su institucionalidad republicana/democrática debilitada; su gobernanza se torna difícil, poniendo en duda la fortaleza de la democracia norteamericana y su capacidad de liderar la alianza internacional liberal; y aquí yace, para muchos, la principal causa de la aparente declinación de su hegemonía y del creciente desafío que le plantean las autocracias emergentes.
La tentación autoritaria y el debilitamiento institucional en EE.UU. y en algunos miembros de la Unión Europea --los pilares de la primacía liberal en el mundo-- erosionan los cimientos de la democracia liberal y de su hegemonía, y contribuyen al retorno del mundo multipolar.

Apuesta estratégica.  La retirada de EE.UU. y el abandono de su liderazgo, el distanciamiento de sus alianzas y del multilateralismo, más el debilitamiento de sus instituciones republicanas, generan incertidumbre y desconcierto sobre el futuro de la gobernanza del sistema multipolar post-pandemia, especialmente en torno a los inevitables desafíos intermésticos. Hoy es el Covid-19, pero los otros desafíos no desaparecerán por el paro existencial que exige la pandemia, sino que seguirán demandando respuestas colectivas y coordinadas.

En nuestro hemisferio el momento requiere fortalecer alianzas y/o instancias multilaterales que faciliten la cooperación y la acción colectiva para enfrentar esos desafíos y defender nuestros valores e intereses.  Para ello, la mejor apuesta es una alianza estratégica con el mundo de democracias liberales, y para avanzar en ese camino, el continente ya cuenta con genuinas instituciones inter-americanas como la OEA, el BID, la OPS y la Corte Interamericana de Derechos Humanos. 

Wednesday, June 10, 2020

Campaña y Elecciones Virtuales en Estados Unidos
Rubén M. Perina, Ph.D.
(Versión actualizada de la publicada en Clarín 27-05-20200

Los candidatos para las próximas elecciones presidenciales de noviembre,  el actual presidente Donald Trump,  por el partido Republicano,  y  Joe Biden,   ex vicepresidente de Barack Obama, por el Partido Demócrata, se encuentran  inmersos en un proceso electoral inesperadamente condicionado por la pandemia del coronavirus. El confinamiento social ordenado por los gobiernos estatales para mitigar la propagación del virus, impide la habitual congregación de gente que ocurre en eventos de campaña electoral o el día de los comicios. Ante esta limitación, ambas campañas se han vuelto virtuales.

La campaña virtual de Biden.   Por carecer de la exposición pública y mediática que tiene Trump, Biden y su campaña han tenido que incursionar en el mundo virtual. Biden no necesita hacerse conocer, su trayectoria como senador y vicepresidente es bien conocida y respetada, y cuenta con una imagen personal relativamente positiva en la opinión publica. Su imagen y presencia provocan confianza y proyectan seguridad, mesura, expertise, honestidad, humildad y empatía –todos atributos de un líder y todo lo contrario a Trump. Incomoda sí a su campaña una reciente acusación de acoso sexual de una exfuncionaria del Senado en la década de 1990 (Trump tiene doce acusaciones similares o peores en su contra).

Desde su “estudio” en su casa en Delaware, su equipo organiza mítines políticos, entrevistas, o discursos por videos o streaming  por redes y plataformas como Facebook, YouTube, Twitter y otros.  También se reúne vía video conferencias (“Zoom”) con donantes, con su equipo de logística y estrategia, o con líderes y candidatos del partido y de la comunidad afroamericana o hispana. La modalidad virtual sustituye a tradicionales actividades presenciales de campañas como discursos en grandes mítines, reuniones, debates, tours en bus, viajes, visitas a familias, etc.  

La campaña de Trump.  Las actividades del presidente tienen la ventaja de comandar la atención de los medios en tiempo real. Sus diarias conferencias de prensa sobre la situación del covid-19 se transmiten en vivo por televisión, radio y streaming. Trump comunica así (y por Twitter) sus acciones, preferencias, mal humor, intemperancia, soberbia y sus temerarias propuestas sobre medicamentos para el covid-19,  la salida del confinamiento, así como sus diatribas contra China, los inmigrantes, sus adversarios y los medios,  a quien tilda de enemigo del pueblo. Sus visitas a fabricas de suministros sanitarios o discursos públicos reciben amplia difusión en los medios. Extensa exposición también consiguió por su uso (ilegal) de las fuerzas armadas contra las protestas pacíficas frente a la Casa Blanca por el asesinato policial del afro-americano, George Floyd, y por sus amenaza de  usar máxima fuerza para “dominarlos” en otros estados, sin contar con las facultades constitucionales para ello .

Para algunos analistas, incluyendo un creciente número de Republicanos avergonzados, su comportamiento autocrático y actuaciones diarias para mostrarse a cargo de la situación son contraproducentes. Sus aseveraciones en febrero negando la pandemia y asegurando que el país estaba preparado para cualquier eventualidad, su sugerencia de usar detergente o el medicamento hydroxychloroquine para el virus, su insistencia, contrariando a sus consejeros científicos, en abrir la economía, y sus altercados públicos con los gobernadores sobre la disponibilidad o no de insumos médicos y sobre el envío de tropas para desalojar a los manifestantes,  generan confusión y ansiedad en la población. Al igual que la campaña de Biden, la suya también utiliza intensamente las mismas modalidades virtuales.   

Temas de campaña.   Por ahora, los temas en debate más salientes se relacionan a las tensiones de la crisis sanitaria y económica producida por la pandemia: Los Republicanos presionan por una apertura voluntaria, rápida y amplia, y los Demócratas por una más gradual y cautelosa. Los Demócratas proponen inyectar más dinero en el sistema de salud y en el salvataje de las empresas y la protección de los trabajadores, los Republicanos se oponen. Trump culpa a China por ocultar o producir la pandemia para evitar discusión sobre la pobre respuesta de su gobierno. La campaña de Biden enfatiza lo tardío, caótico e incompetente de la respuesta inicial y la irresponsabilidad de los comentarios del presidente sobre las medicinas apropiadas. Biden propone expandir el seguro de salud nacional instaurado por Obama, mientras que Trump quiere abolirlo --inexplicable en estos tiempos. Trump divide el electorado y busca consolidar su base; Biden intenta atraer a los independientes y expandir su base. Al final, la elección quizás sea un referéndum sobre Trump y su record, que hasta ahora incluye una economía con 40 millones de desempleados, con una recesión  proyectada del 5% este año y con más de 120 mil fallecidos por el covid-19.  Hoy Biden lleva un ventaja de 55% a 41%, según una encuesta de CNN

Comicios virtuales?    De continuar la propagación y letalidad del covid-19, la votación en persona pondrá en grave riesgo de contagio a los votantes y a las autoridades electorales.  La necesidad de distanciamiento social exigiría entonces realizar las convenciones partidarias (agosto) y los debates presidenciales de manera virtual. Y no es descartable unos comicios combinando el voto presencial con el voto por correo, que producirá muchos trastornos e irregularidades, como ya se ha visto en las últimas primarias. Lo increíble sería una postergación de los mismos. 

La opción de expandir el voto por correo, única forma de votar en Colorado, Oregon, Utah, Hawaii y Washington (un 68% del electorado nacional confía en ella) ha sido rechazada por Trump,  por considerar que facilita el fraude, lo que podría llevarlo a desconocer una posible victoria de los Demócratas, lo que sería algo inédito en EEUU.  De todas maneras, su organización es una carrera contra el tiempo porque los estados restantes carecen de los recursos tecnológicos y humanos entrenados para implementarlo. La otra alternativa es el voto electrónico no-presencial, vía internet, pero es un método cuestionado porque no se cuenta con una tecnología probada que pueda garantizar la absoluta seguridad e integridad de las elecciones.

Saturday, May 30, 2020

El Mundo vs el Virus
Rubén M. Perina, Ph.D.

(publicado en Clarin 19-4-"20)


La pandemia del coronavirus es la principal y más feroz amenaza que enfrenta el mundo contemporáneo. Urge una respuesta colectiva y de cooperación global y regional.

Interdependencia y globalización. La modernización en las tecnologías de la comunicación y la información, los menores costos en producción, transporte, comercio, servicios, y el consecuente desarrollo socio-económico mundial han generado una mayor interacción entre estados, sociedades e individuos. Resulta de ello la creciente interdependencia y globalización en casi todos los aspectos de la vida, y la imperiosa necesidad de cooperación y solidaridad internacional para manejar la mayoría de los desafíos/amenazas que enfrenta la humanidad: terrorismo, proliferación nuclear, pandemias, desastres naturales, dictaduras y tiranías, refugiados, y otros. 

Estados Unidos lideró ese orden internacional interdependiente, globalizado y liberal, impulsando la recuperación económica de sus aliados y sus enemigos en Europa y Asia, y encabezando la alianza liberal que derrotó al totalitarismo comunista (soviético/maoísta), en una Guerra Fría que hizo colapsar la Unión Soviética en 1989. Luego comandó la guerra contra el terrorismo desde el ataque a las torres de Nueva York en 2001.

La presente amenaza. Hoy el mundo enfrenta una amenaza y una crisis sin precedentes, facilitada por la creciente globalización; pero que no proviene de un Estado o de un grupo terrorista transnacional. La amenaza es extra-humana, invisible, vertiginosa, letal y no reconoce fronteras. Un virus de origen animal para el cual no hay medicinas o vacunas que lo contengan.  Nadie estaba preparado para responder a su propagación pandémica. Lo único que parece mitigarlo es el lavado constante de las manos, el no tocarse la cara y el distanciamiento social, que paraliza las economías interdependientes del mundo y destruye la vida de millones. Uno se puede morir de covid-19, de “hambre” o de depresión por el confinamiento obligado.

A pesar de la gravedad de la crisis, escasea el liderazgo y la coordinación de una respuesta colectiva de cooperación inter-estatal mundial para contrarrestar el ataque del patógeno, o para evitar el colapso de las economías del mundo. La respuesta a la pandemia hasta ahora ha sido mayormente unilateral, cada país por su lado, como si alguien hubiese ordenado su confinamiento. En el área de la salud apremia la cooperación para la provisión de mascaras, batas, guantes, respiradores, medicinas, instrumentos de testeo, así como para el desarrollo de medicamentos y vacunas. Lo mismo en loeconómico/financiero, para generar liquidez, minimizar bancarrotas y desempleo, garantizar servicios esenciales y prevenir la depresión económica.

Liderazgo menguante.  Estados Unidos, con la economía más rica del mundo, ha abdicado su liderazgo global. Su gobierno ni siquiera ha respondido a tiempo, o de manera coherente, integrada y contundente a la emergencia sanitaria nacional. El presidente Trump, por desidia o incompetencia, minimizó o ignoró la gravedad de la pandemia por meses, a pesar de las advertencias de asesores y de sus agencias de inteligencia. Han salvado la situación la capacidad logística de los militares y la Agencia de Emergencias (FEMA), el expertisedel Centro para el Control de Enfermedades y el liderazgo de los gobernadores estatales. El Congreso ha aprobado un fondo de rescate socio-económico y financiero por 2.7 trillones de dólares, y la Federal Reserve (Banco Central) otros 2.3 trillones de alivio, pero la burocracia complica su implementación y hasta le envía dinero a compañías que no lo necesitan.  El gobierno ni pretende liderar una respuesta colectiva global.  Más bien, ha pugnado con Alemania y Canadá para obtener insumos de protección médica. Y con China, país que desafía su liderazgo mundial, no han cesado las imputaciones mutuas sobre el origen del virus. 

Cooperación internacional incipiente.  La Unión Europea ha emprendido varias iniciativas (subsidios, créditos, garantías, transferencias, asesoría, reducción de regulaciones) en apoyo a sus miembros para combatir el virus y mitigar el colapso socio-económico. Busca así fortalecer el sistema sanitario con insumos y equipos necesarios; y en lo socio-económico y financiero trata de inyectar liquidez (más de 500 billones de euros) en diversas economías (España, Italia, Grecia) para evitar mayores quiebras y despidos. El temor de Alemania y Holanda a la indisciplina fiscal limitó el rescate al sector de salud pública.  

El G20, grupo de las principales economías del mundo, ha prometido un rescate económico financiero por 5 trillones de dólares. Naciones Unidas ha exhortado al mundo a cooperar para “contener, mitigar y derrotar el virus,” y la Organización Mundial de la Salud impulsa la investigación sobre medicamentos y vacunas y asesora con guías para la contención y mitigación del virus.El FMI se propone aliviar la deuda de países emergentes y el Banco Mundial reprograma proyectos y aprueba el desembolso rápido por 3.6 billones de dólares en más de 40 países (incluyendo Argentina, Ecuador y Haití), encaminados a prestamos, subsidios y asesoría para la compra de suministros sanitarios y el funcionamiento de hospitales y laboratorios, así como para evitar el colapso de la producción y del empleo en pequeñas empresas. Cuenta además con 160 billones para futuras operaciones.  

El BID ha re-direccionado sus proyectos y dispone de 12 billones para el fortalecimiento de los sistemas de salud, la protección de los más vulnerables y el sostenimiento de la producción y el empleo. Los presidentes de Bolivia, Chile, Colombia, Ecuador, Paraguay, Perú y Uruguay, con la llamativa ausencia de Argentina y Brasil, se reunieron virtualmente en el marco del Foro Prosur para elaborar una respuesta colectiva a la pandemia. En la OEA, sus miembros realizarán una de reunión virtual para considerar la crisis y usarán el Mecanismo de Negociación Conjunta para compras gubernamentales de insumos médicos a precios módicos. 

Conclusión. La gravedad de la pandemia exige una respuesta multinacional, concertada, más contundente, de cooperación sanitaria y económica.  Ningún país puede enfrentarla solo. Urge, por lo menos en el hemisferio, un liderazgo que la concierte.   




Trump vs el Coronavirus 
Rubén M. Perina, Ph.D.
(versión actualizada de la que apareció en Clarín, 5-4-20)


¿Cómo ha respondido el gobierno el presidente Trump a la vertiginosa y agresiva pandemia generada por el coronavirus?   Un enemigo extra-humano, invisible, silencioso, letal, que no sólo infecta y mata a la gente directamente; sino que, además, al tratar de contenerlo vía confinamiento social, colapsan las economías del mundo y se destruye la vida de millones. 

Los límites del sistema. La respuesta ha sido decepcionante e inadecuada Estados Unidos, la democracia más antigua del mundo con la economía más rica del globo,  exhibe sin embargo un sistema de gobierno federal, con una fuerte división poderes entre el nivel federal,  estatal y municipal, que de por sí constituye una seria limitación estructural a la capacidad del gobierno nacional de responder en forma centralizada, coordinada, rápida y efectiva. La limitación se acentuó con la desidia e incompetencia de la administración Trump. El presidente ignoró y minimizó las noticias en los medios y las advertencias que sus asesores y agencias de inteligencia le hicieron en enero. Caracterizó las noticias como una farsa, aseguró que el patógeno sería fácilmente controlado y acusó a los medios de alarmistas y de querer perjudicar su re-elección.  

Demora e incoherencia. Pero cuando la pandemia ya era una realidad a mediados de marzo, se evidenció la falta de preparación de su gobierno, así como la demora en liderar y coordinar una respuesta federal. Crecía la crítica de gobernadores y alcaldes por la falta instrumentos para pruebas de infección (testeo)y de insumos médicos requeridos en los hospitales. La bolsa de valores se derrumbaba (30%) y la economía caía en recesión. Cundía confusión y no se percibía en la presidencia una estrategia integradora, ni sentido de urgencia o propósito común. 

Recién a mediados de marzo, el presidente decretó el distanciamiento social voluntario que, luego, ante la creciente gravedad, lo expandió hasta final de abril. Canceló vuelos de China y luego de Europa; impuso un cierre de fronteras; instaló el tele-trabajo para el gobierno; anunció que dos navíos-hospitales llegarían a Nueva York y a los Ángeles; y después de insistir que no era necesario, activó el Decreto de Defensa de la Producción de 1950, exigiendo al sector privado producir insumos de protección médica y respiradores; y anunció que el gobierno federal distribuiría los que tuviese disponible.  Para enfrentar la crisis sanitaria, ha movilizado el Centro para el Control de Enfermedades, un Grupo de Tarea, la Agencia Federal de Administración de Emergencias, el Departamento de Salud y el Departamento de Defensa. También cuenta en el sector económico/financiero con la Agencia para Pequeñas Empresas, el Departamento del Tesoro (Ministerio de Economía) y la Reserva Federal (Banco Central). 

Pero hasta el 4 de abril, los hospitales en los estados más afectados (New York, California, Washington, Illinois, Michigan, Louisiana) no daban abasto, al igual que doctores, enfermeras y técnicos; escaseaban las pruebas, así como camas, ropa protectora (guantes, máscaras, batas etc), respiradores, y no existe medicina o vacuna alguna todavía. Tampoco se observaba todavía una política coherente y contundente de confinamiento social a nivel federal ni de distribución de insumos de tratamiento y protección.  

Salvataje del Congreso. Mientras tanto, el secretario del Tesoro y líderes del Senado y la Cámara de Representantes (controlada por la oposición), acordaron tres paquetes legislativos de emergencia para la provisión de insumos médicos y rescate de la economía. El más grande se aprobó a finales de marzo, vía la ley de Ayuda, Alivio y Seguridad Económica(CARES Act)por el sideral monto de 2.2 trillones de dólares. Trump lo firmó inmediatamente. La masiva respuesta busca evitar el colapso del sistema económico/financiero, con garantías, subsidios, transferencias y préstamos para bancos, corporaciones, familias e individuos, a fin de mantener la liquidez, la producción, el empleo, los servicios y el consumo durante la parálisis económica causada por el confinamiento social. 

Los beneficiados.La ley apunta a mantener funcionando a pequeñas empresas,así como a las grandes corporacionesmás afectadas (transporte, aviación, automotores, hotelería, gastronomía, turismo), incluyendo las del sector bancario y el agrícola-ganadero. En el sector socialse distribuirán 300 billones de dls. para hogares e individuos --con alivios para pagos de seguros médicos y la expansión del seguro de desempleos y de programas de alimentación y nutrición de niños. Asimismo, se beneficiarán trabajadores informales y auto-empleados, jubilados, universitarios, fundaciones y organizaciones filantrópicas. Hospitalesdispondrán de subsidios y líneas de crédito para la adquisición de insumos médicos y pagos por el seguro de salud de pacientes. Farmacéuticas y Universidadesrecibirán apoyo para acelerar el desarrollo de vacunas y remedios, al igual que productores de insumos protectores y respiradores.Los gobiernos estatalesy municipalesrecibirán billones para evitar despidos y mantener sus servicios de educación, transporte, salud pública, y otros.

Liderazgos sustitutivos. Ante la respuesta, fragmentada, incompetente y tardía de la presidencia, losgobernadoresde los estados más afectados han asumido el liderazgo de confinar a la población, de conseguir (compitiendo entre sí) los insumos sanitarios y de enfrentar la avalancha de infectados y muertos, sin los recursos necesarios. Su clamor público y demandas revelaron la desidia de Trump.  La empresa privada, también se ha unido al esfuerzo nacional, anunciado (Ford, GM, 3M, y varias otras) que reconvertirán su capacidad productiva hacia insumos, pruebas, medicinas y el desarrollo de vacunas. 
         
Conclusión.Le atañe ahora al gobierno federal salir de su inoperancia e implementar con rapidez y eficacia (lo que está en duda) el  paquete de alivio y rescate,  así como un programa masivo de testeo para identificar los infectados y asintomáticos (los más contagiosos), y toca a los ciudadanos permanecer atrincherados y precavidos, lavándose las manos constantemente y respetando el distanciamiento social para mitigar el contagio, hasta que se encuentre una medicina o vacuna. 

LA NACION, Argentina
este articulo se publico el 11 de marzo, antes de que se retirase el candidato de Peru.
Los retos que enfrenta la OEA
El 20 de marzo los Estados miembros de la Organización de los Estados Americanos OEA ) elegirán un nuevo secretario general ante nuevos e inusitados desafíos. Sus miembros se comprometieron, vía reformas a su Carta Fundacional (1985) y la adopción de la Carta Democrática (CDIA-2001), a "promover y consolidar la democracia representativa". Con ese mandato,  La OEA contribuyó a restaurar la democracia en Haití (1991), Perú (1992), Guatemala (1993) y a prevenir su colapso en Paraguay (1995), Nicaragua (2005), Ecuador (2005 y 2010) y Bolivia (2008); y en 2009 suspendió al gobierno hondureño surgido de un golpe de Estado.

'La OEA dejó de ser un foro que trata solo asuntos de cooperación o conflictos entre sus miembros, para ser uno donde también se tratan sus asuntos internos, en caso de amenazas o ruptura del orden democrático. El principio de la no intervención perdió supremacía. Hoy prevalece la no indiferencia a las transgresiones contra la democracia y los derechos humanos, y el involucramiento solidario y activo en su promoción y defensa; predomina el principio prodemocracia. Así, la OEA enfrenta varios retos.

más urgente es cómo restaurar la democracia en Venezuela y Nicaragua: Venezuela es algo inédito. Desde 2016, los informes del secretario general (SG), Luis Almagro, y Resoluciones del Consejo Permanente (CP) condenaron la dictadura chavista y la tragedia humanitaria y migratoria que causó, y exigieron el retorno a la democracia vía elecciones confiables. En 2018, el SG y el CP y la Asamblea General desconocieron la presidencia de Maduro y reconocieron a Guaidó, presidente de la Asamblea Nacional, como presidente de Venezuela. También reconocieron a su representante ante el Consejo Permanente. En 2019, Maduro se retiró de la OEA. La crisis migratoria, la presencia de la narcoguerrilla colombiana en Venezuela, la injerencia castrista, rusa e iraní amenazan la paz y seguridad regional. También, el SG y el CP condenaron la dictadura de Ortega en Nicaragua y sus crecientes violaciones a los derechos humanos. Sin embargo, ambas dictaduras siguen vigentes.

Desde su fundación ha rondado en la OEA la cuestión del grado de autonomía y poder que ejerce el secretario general. El tema ha resurgido debido al protagonismo de Almagro, en su incesante condena de las dictaduras de Maduro, Ortega y los Castro, actuación aplaudida por muchos y criticada por otros como extralimitación de su rol. 

El desafío es encontrar un balance entre el liderazgo individual del secretario general y el liderazgo colectivo de los cuerpos gobernantes, un mecanismo que facilite la consulta y la coordinación política entre el SG y el CP, y que podría conformarse entre el secretario general y representantes de los bloques regionales del Consejo Permanente. 

'La autonomía del secretario general, la acumulación y el abuso de poder, las malas prácticas burocráticas, el exceso de asesores y la escasa rendición de cuentas y falta de transparencia fueron quejas de los Estados miembros contra varias administraciones. El mandato del secretario general por 5 años más uno de reelección es demasiado largo y fue cuestionado por los miembros. Un único período de solo 6 años favorecería el surgimiento de nuevos candidatos y de propuestas innovadoras para actualizar la organización.

En crisis institucionales en uno de sus miembros, el CP escucha solo la voz del Poder Ejecutivo, y nunca la de un opositor político. El Grupo de Trabajo sobre Nicaragua creado por el CP, sin embargo, constituye una instancia inédita para el diálogo y la negociación entre el gobierno y la oposición, así como para prevenir la alteración del orden democrático o, en su defecto, restaurarlo. Esta novedosa instancia fortalece a la OEA como foro neutral para apoyar la democracia y merece replicarse.

Hasta los años 80, la cooperación para el desarrollo fue sustantiva en su agenda. Hoy, la OEA no cuenta con los fondos ni el expertise para ser un agente efectivo en ese campo. Ya no puede seguir pretendiendo que es una de sus prioridades. La tarea la pueden realizar el BID, el Banco Mundial y otros bancos regionales, y se podría mudar la Secretaría de Desarrollo Integral a un país centroamericano o caribeño y constituirla en una agencia independiente, al estilo de la OPS o del IICA. Eso reduciría costos y burocracia en la sede.

Los Estados miembros enfrentan el desafío de elegir al próximo SG. Los candidatos hasta ahora son el actual SG, Luis Almagro; la excanciller ecuatoriana y expresidenta de la Asamblea General de la ONU, María F. Espinosa; y Hugo de Zela, embajador peruano ante la Casa Blanca, exembajador ante la OEA y exjefe de Gabinete de los de dos SG previos. Los miembros deberán decidir con cuál de ellos podrán trabajar más efectivamente en la promoción y defensa de la democracia en el hemisferio.

Exfuncionario de la OEA. Autor de The Organization of American States as the Advocate and Guardian of Democracy