Sunday, November 22, 2020

https://www.clarin.com/opinion/ee-uu-observacion-electoral-comicios-ineditos_0_ulgQvSvgM.html   27 de octubre,  2020

 

 

OBSERVACION ELECTORAL EN EEUU

Rubén M. Perina, Ph.D.*


Las elecciones del 3 de noviembre en Estados Unidos se podrían beneficiar de una observación electoral internacional.  Como jefe de misión de observación electoral de la OEA, observé varias elecciones controvertidas (Guatemala, Paraguay, Venezuela), donde abundaban las denuncias de fraude.  Las advertencias y acusaciones de fraude invariablemente provenían de los partidos de la oposición que imputaban al gobierno de turno por manipular el proceso electoral para favorecer a su candidato buscando re-elección. En los últimos años el régimen chavista en Venezuela utilizó el fraude para elegir y re-elegir a Nicolás Maduro, el régimen sandinista lo usó para re-elegir al dúo Ortega-Murillo en Nicaragua, y Evo Morales lo intentó en Bolivia en 2019. 

 

Sin embargo, es inusitado ver un presidente buscando re-elección que denuncie (sin evidencia) a la oposición por supuestamente estar preparando un fraude electoral. El presidente Trump ha denunciado que el partido Demócrata utilizará el voto por correo para cometer fraude en su contra en los próximos comicios. Tradicional en varios estados, esta modalidad ha sido expandida en la mayoría de los estados por la necesidad de proteger a los votantes y las autoridades electorales del covid-19. Pero ahora el presidente ha insinuado que la única manera en que él pudiese perder sería por el fraude cometido a través del voto postal, y que así no reconocería la victoria de su oponente, el ex vicepresidente Biden. Esta insólita conducta del presidente sólo se explicaría por las encuestas que persistentemente lo muestran detrás de Biden por unos 10 puntos porcentuales, y por su baja aprobación que ronda entre un 40%.  

 

Además, la campaña de Trump ha manifestado su intención de cuestionar e impugnar los votos por correo y judicializar su resolución en las Cortes, generando inseguridad en el proceso electoral. Su campaña utilizaría los intrincados e inciertos mecanismos del proceso del Colegio Electoral para disputar la certificación de la lista de electores y sus votos, particularmente en los estados pendulares, e impedir que Biden obtenga los 270 electores necesarios para consagrarse; forzando así la conclusión del proceso en la Cámara de Representantes, como lo establece la Constitución, donde cada estado tiene un sólo voto y donde el partido Republicano espera mantener su mayoría de estados con delegaciones dominadas por Republicanos (26), que elegiría a Trump.  La judicialización y manipulación del proceso del Colegio Electoral entorpecería y dilataría el proceso y podría desatar una crisis política/constitucional de consecuencias impredecibles para la democracia norteamericana. Se aumentaría así la polarización y parálisis del sistema político, se aceleraría su declinación internacional y se socavaría aún más su liderazgo liberal en el orden internacional. La situación ha alarmado a expertos, a la élite política y militar y hasta a comentaristas Republicanos; incluso el Washington Post ha propuesto la conformación de una Comisión Bipartidista presidida por los expresidentes Bush y Obama para supervisar y verificar la integridad de las elecciones.

 

Como si ello fuera poco, por la pandemia, las autoridades electorales estatales han tenido que realizar considerables y complejos cambios organizativos y logísticos de consecuencias operativas impredecibles, y además han sido advertidas por las agencias de inteligencia, de posibles ataques cibernéticos de Irán, China y Rusia --todo lo cual genera inseguridad en el proceso electoral.  

 

Estados Unidos es miembro fundador de la OEA y signatario de su Carta Democrática Interamericana (2001), que incluye la observación electoral como uno de los instrumentos más eficaces para promover y defender la democracia en las Américas.  Varios estados miembros regularmente solicitan observación electoral para generar mayor confianza en el proceso eleccionario, particularmente cuando uno de los candidatos cuestiona su integridad. Sucesivos gobiernosnorteamericanos han contribuido al financiamiento de numerosas misiones de observación electoral y últimamente la administración Trump ha instado a los gobiernos Bolivia, Nicaragua y Venezuela a permitir su presencia para garantizarelecciones libres y justas.

 

En vista de la inseguridad y desconfianza que se ha generado sobre el proceso electoral, es de aplaudir que el Departamento de Estado haya invitado a la OEA para que observe las elecciones, y que su Secretario General haya aceptado el desafío.  La tarea ciertamente tendría sus dificultades por el extremado federalismo y heterogeneidad que caracteriza su sistema electoral.  Debido al Colegio Electoral, en realidad hay 51 elecciones presidenciales, una en cada estado con sus propias autoridades electorales, reglas, padrones, tecnología y modalidades. No existe un código o una autoridad electoral nacional que las organice o supervise. Pero se podría organizar una observación electoral concentrada en los estados pendulares como Arizona, Florida, Pennsylvania y Wisconsin y en ciertos condados cruciales, como los nueve identificados por el New York Times. Su presencia y trabajo podría contribuir a generar mayor confianza en el proceso electoral y en sus resultados.  



* Ex funcionario de OEA y autor del libro “The OAS as the Guardian and Advocate of Democracy” publicado por University Press of America.” Ha sido profesor de las Universidades de Georgetown y George Washington.

https://www.demoamlat.com/estados-unidos-desafios-electorales/

 

Septiembre 2020

                        

Estados Unidos: desafíos electorales 

Rubén M. Perina

I. INTRODUCCION.

El sistema electoral norteamericano contiene de por sí ciertas peculiaridades y complejidades, que pueden caracterizarse como vulnerabilidades o debilidades, que reducen la seguridad del proceso electoral y disminuyen la confianza en sus resultados. Pero, además, el actual proceso electoral, de cara a las elecciones generales del 3 de noviembre, se encuentra dramáticamente condicionado por la pandemia del covid-19, lo que implica desafíos logísticos para los responsables de las campañas y las autoridades electorales. Estos se ven ante la necesidad de realizar menos eventos presenciales y más en clave virtual, y organizar actividades y la votación con menor presencia física y mayor participación “en ausencia” para garantizar la salud de los candidatos, sus seguidores, así como la de los votantes y de los funcionarios electorales durante los comicios. Igualmente, se asoman como posibles amenazas a la seguridad e integridad del proceso electoral el uso del ciberespacio para la manipulación y la desinformación electoral, así como interferencias de la “armada cibernética” (“sharp power”) de los chinos, rusos e iraníes; y no dejan de alarmar y generar incertidumbre las perturbadoras e infundadas advertencias del presidente Trump sobre el “fraude” electoral que estarían preparando los demócratas a través del voto por correo


II. PECULIARIDADES Y COMPLEJIDAD DEL SISTEMA ELECTORAL.

Las características singulares del sistema electoral norteamericano lo distinguen de los modelos que expertos electorales proponen con frecuencia; o de sistemas electorales que el autor personalmente ha observado como jefe de Misiones de Observación electoral de la Organización de Estados Americanos (OEA) en Paraguay, Guatemala, República Dominicana y Venezuela. El sistema carece de uniformidad debido a la naturaleza federal y descentralizada del sistema político, marcada por la separación de poderes y múltiples pesos y contra pesos; por un fuerte apego a la gobernanza local, y por una generalizada desconfianza en el poder y/o el gobierno central. Federlamismo extremo. Veamos:


El país no cuenta con un código electoral nacional unificado. Cada estado (50 más el Distrito de Columbia), y a veces cada condado (3.114 de ellos) tiene sus propias reglas electorales. Por ejemplo, hay diversos requisitos y reglas para registrarse y para votar, y hasta diferentes métodos y tecnologías de votación. Cada estado decide la tecnología (software y hardware) que utilizará, y si la votación es manual o electrónica, o una combinación. O sea, no existe un estándar o Codigo Electoral nacional, con reglas, procedimientos o métodos de votación nacionales, como ocurre en America Latina. La heterogeneidad del sistema es consistente con el acentuado federalismo. [1]

Tampoco existe un ente nacional o autoridad electoral federal, responsable de organizar, administrar, supervisar o juzgar la validez de las elecciones. Al ganador lo proclama el Colegio Electoral, como veremos. El proceso se maneja en cada estado por una Secretaría de Estado. (Las cadenas nacionales de TV anuncian el ganador con proyecciones estadísticas basadas en muestras científicas de resultados de mesas y encuestas de “boca de urna”). Sin embargo, la Corte Suprema puede llegar a ser la última instancia judicial para dirimir una controversia electoral, como en el año 2000, con la disputa sobre procedimientos y resultados de la elección presidencial en el estado de Florida.[2] También puede terminar en la Cámara de Representantes, como veremos.

No hay registro electoral o padrón nacional. Así, teóricamente, uno puede registrarse y votar en uno o más estados. Cada estado tiene sus propios requisitos de inscripción y varían los períodos de registro; en algunos casos hasta se puede registrar en el acto de votación. Para algunos, esto es una puerta abierta para el fraude electoral.


Tampoco hay un documento “estándar” de identificación nacional para votar. Dependiendo del estado, los votantes pueden presentar diferentes tipos de identificación para votar, algunos con fotos, otros sin fotos, algunos con domicilio, otros sin.


Votar no es obligatorio, y así sólo vota un 50% aproximadamente de los aptos para votar. Se vota siempre un martes, el primer martes de noviembre para la elección presidencial, un día laborable. No un domingo o un día feriado.  Se vota antes de ir a trabajar, durante el almuerzo o después del trabajo[3]. Para algunos ambas prácticas desalientan y reducen la participación. Últimamente varias corporaciones (Walmart, Amazon) estimulan la votación de sus empleados con permiso pago.


Otra peculiaridad del sistema electoral, sin embargo, de hecho, facilita el voto. La mayoría de los estados permite diversos métodos de votación(i) el voto anticipado (“early voting”); o sea, es posible votar unos días antes del día de los comicios, en dias y lugares pre-establicidos por la autoridad electoral. (ii) También está contemplado el voto ausente (“absenttee ballot”) o sea, por ausencia del lugar de votación donde uno está registrado -método que normalmanete requiere una excusa válida (viaje, enfermedad o trabajo), pero en la actualidad, por el virus, este requisito no opera en algunos estados; el votante tiene una fecha límite para solicitar la boleta y enviarla por correo. Por último (iii) existe el método de votar por correo sin necesidad de excusas, opción que se utiliza en la mayoría de los estados; sólo se requiere solicitar la boleta de votación. En Colorado, Hawai, Oregon, Utah y Washington ha sido la única forma de votar por años; el estado envía la boleta al votante y éste debe devolverla, marcada y firmada, por correo o la puede depositar en lugares asignados, antes de o el día de los comicios. Para algunos, el voto por correo o por ausencia genera la posibilidad de que se viole el secreto del voto.


El Colegio Electoral, piedra angular del proceso electoral, le agrega incertidumbre al mismo. Es una institución histórica diseñada en función del federalismo y del sistema múltiple de pesos y contrapesos republicanos, para mantener la preeminencia de los estados y prevenir la sobre-representación o concentración de poder en los estados más urbanizados, más poblados, más industrializados, más ricos y más progresistas y moderados (como los de las costas del este y oeste), en detrimento de los estados rurales,  menos poblados, menos prósperos y con votantes más conservadores (como los del centro y sur). Sin embargo, éstos últimos hoy están sobre-respresentados en el Colegio Electoral: Wyoming tiene 1 elector (de 3) por cada 180.000 habitantes; mientras que California tiene 1 (de 55) por cada 750.000. Los fundadores del país también temían que la elección directa pudiera favorecer la elección de un populista demagogo. La elección de Trump contradijo ese temor.


La elección presidencial es indirecta, con 50 elecciones organizadas por cada estado más el Distrito de Columbia (Washigton, D.C.). En las 50 elecciones los votantes eligen un candidato y su lista de electores. Los miembros de la lista son seleccionados por las autoridades partidarias estatales, su número es equivalente a los dos senadores por estado más el número de representantes que le toca a cada estado por población. El triunfador (aunque sea por un voto) se lleva todos los electores del estado, excepto en Maine y Nebraska que distribuyen sus electores según quien gana los distritos electorales para representante. El estado tiene hasta el 8 de diciembre para resolver cualquier controversia sobre las elecciones o la lista de electores, que la debe confirmar y certificar la autoridad electoral y el gobernador del estado.


Si todo está resuelto, el 14 de diciembre, fecha perentoria, se reúnen los electores en cada estado  y votan por su candidato a presidente y vicepresidente.[4] El gobernador certifica la lista de electores con sus votos y la debe enviar perentoriamente al presidente del Senado del Congreso Nacional para el 23 de diciembre. En sesión conjunta de las dos Cámaras del Congreso, el 6 de enero de 2021, se cuenta el voto de los electores y se certifica el resultado y el ganador. Se consagra presidente el candidato que cuente con 270 de 538 posibles votos electorales, incluyendo 3 de Distrito de Columbia.


Lo peculiar del Colegio Electoral es que un candidato puede ganar el voto popular a nivel nacional y perder el voto de los electores del Colegio Electoral, como ocurrió en 2000 (Gore sobre Bush por más de 500 mil votos) y en 2016 (H. Clinton sobre Trump por más de 3 millones). De hecho, un candidato puede ganar el voto popular por un voto en una mayoría de estados y llevarse todos los electores de esos estados, mientras que el otro puede ganar por millones en una minoría de estados populosos y perder en el Colegio Electoral[5]. En cualquier estado pueden surgir impugnaciones que judicialicen el proceso (Florida 2000) por irregularidades, un supuesto fraude, emergencia nacional o interferencia extranjera -lo que podría demorar y complicar el proceso.   Si las cortes no resuelven la controversia legal, ello podría impedir que el gobernador certifique la lista de electores y sus votos y las envíe al Senado para el 23 de diciembre –lo que podría significar que ninguno de los candidatos logre la mayoría de 270 votos necesarios para proclamarse[6]. En tal circunstancia, la elección pasaría a la Cámara de Representantes donde cada uno de los 50 estados tiene un sólo voto, en cuyo caso el partido que tenga mayoría en la delegación de representantes del estado determina por quien vota ese estado. Hoy día en la Cámara hay más estados con mayoría republicana (26) que demócratas (24).           


En el ciclo electoral no se pueden ignorar las elecciones para el Congreso. El poder legislativo es un pilar fundamental de la división y equilibrio de poderes y del múltiple sistema de pesos y contrapesos que caracteriza la democracia norteamericana. El Congreso es relativamente independiente, inclusive cuando lo controla el oficialismo. Los fundadores del país lo diseñaron así para evitar la concentración excesiva de poder en el ejecutivo o el abuso de poder del presidente. Sus miembros responden a los votantes en su distrito, más que al presidente de turno, porque en última instancia es en su distrito electoral donde rinden cuentas para su reelección.


En la elección de representantes y senadores, se utiliza el sistema uninominal, a diferencia del sistema proporcional de listas. Cada estado se divide en distritos electorales, cuyo número depende de la cantidad de habitantes de cada estado; cada distrito elije por mayoría simple un solo representante a la Cámara Baja; hay tantas bancas en ella como distritos electorales (438). Los distritos electorales son diseñados por la legislatura estatal o mejor dicho por el partido que la controla, usualmente de manera sesgada para favorecer sus candidatos –práctica conocida como gerrymandering.  La elección es cada dos años y la posibilidad de reelección es ilimitada. La composición de la Cámara de Representantes, como vimos, es crucial por el eventual rol que puede tener en la elección del presidente, si fracasase ésta en el Colegio Electoral. Los Senadores también se elijen uninominalmente, dos por cada estado, para un total de cien.

I

II. PROCESO ELECTORAL ALTERADO Y AMENAZADO.

Debido a las precauciones contra el contagio del virus, las actividades de las campañas electorales se vienen realizando mayormente en modo virtual, vía plataformas digitales (Facebook, Youtube, Twitter, Zoom), con eventos con presencia reducida y distanciada. Las convenciones partidarias se efectuaron así. Los tres debates presidenciales serán virtuales y/o presenciales con un moderador, pero sin audiencia presente.


Ambientación de locales. La pandemia también impactó la organización de las recientes primarias: se tuvieron que cambiar recintos tradicionales de votación (escuelas, iglesias) por estadios o centros de convenciones para acomodar más votantes con distanciamiento social y salubridad apropiada. Cada local, sus espacios, procedimientos, materiales y máquinas de votar deben desinfectarse periódicamente. En Louisville, Kentucky, se adaptó así un estadio de futbol para miles de votantes, con todos los retos organizacionales y logísticos que ello implicó. En el estado de Georgia los cambios en tecnología produjeron largas colas, confusión y atrasos. Además, por temor al virus, numerosos funcionarios electorales renunciaron y los reemplazantes no fueron capacitados adecuadamente. En algunos distritos del estado de New York y de New Jersey las alteraciones demoraron la votación y el conteo, y no se conocieron los resultados por semanas. Estos retos se presentarán el 3 de noviembre.


Desafío del voto ausente/postal. Debido a los temores y riesgos de infección, se anticipa que se reducirá el voto en persona y aumentará considerablemente el voto por correo postal. Como vimos, esta es la única manera de votar en algunos estados. Un 68% del electorado confía en su seguridad, y se pronostica que el voto postal pasará de un 10% habitual a un 60%. Pero las recientes primarias han evidenciado sus complicaciones logísticas si no hay planificación y preparación adecuadas. Se requerirá nueva tecnología para preparar (con código de seguridad), enviar, recibir, chequear y computar la “boletas postales” y habrá que capacitar funcionarios y educar al votante. Se extraviarán boletas o llegarán tarde -lo que demorará procesarlas y conocer los resultados. Varios estados debaten si enviar automáticamente la “boleta postal” a los votantes o éstos deben solicitarla, y si este modo será exclusivo y/o opcional al voto en persona. También se requiere fortalecer el descuidado Servicio Postal federal. En algunos estados se deberán modificar leyes y reglamentos –lo que retrasará la organización del proceso y la capacitación de los funcionarios. Es una carrera contra el tiempo. Otro desafío será el aumento del voto anticipado, modo previsto para votar en días previos y lugares designados, por correo o en persona. Encuestas anticipan un 60% de votación por esta modalidad. El aumento causará confusión y demoras en el procesamiento de las boletas postales o ausentes y la publicación de resultados, los que variarán drásticamente con el pasar de las horas, e inevitablemente producirá incertidumbre, tensión y controversias.


Amenaza cibernética.  A la preocupación por el contagio viral y las vulnerabilidades del sistema electoral, se agrega la posibilidad de ataques cibernéticos y la injerencia internacional vía internet, sus cuentas, plataformas y redes sociales. Esta práctica (“sharp power”) utiliza “cyborgs” (combinación de robots con humanos), “bots” y “trolls,” para monitorear campañas electorales, “jaquear” y robar bases de datos de votantes (para el “targeting” electoral) y distribuir masivamente desinformacion y propaganda, como hicieron los rusos en 2016 para favorecer a Trump. Además, estas “armas” y sus “malwares” o virus se emplean para modificar bases de datos (registro electoral) y hasta resultados de una elección. También se utilizan para tergiversar los hechos, los datos, las imágenes e influenciar a la opinión pública sobre candidatos[7]. Pero las manipulaciones e interferencias cibernéticas en el proceso no sólo provienen de los protagonistas internos, sino también de Rusia, China e Irán. La práctica ya es parte de la silenciosa guerra cibernética actual. Agencias militares y de inteligencia, congresistas y expertos han advertido sobre esta amenaza a la integridad de las elecciones[8]. Se busca generar así aprensión, odios, confusión y dudas que dividen al electorado y erosionan su confianza en el proceso electoral y  la democracia en general.


Reparos de Trump. Ante la creciente probabilidad de su derrota electoral, Trump ha rechazado la expansión del voto postal, argumentando (sin evidencia alguna) que es la principal amenaza a la integridad de las elecciones y que los demócratas lo usarán para cometer fraude; mientras que niega la injerencia rusa y socava la seguridad del país. Además, ha amenazado con no reconocer su derrota, minando la confianza en el proceso y su legitimidad. Preocupado estará por su deteriorada imagen: sólo un 40 % aprueba su gestión y las encuestas lo muestran abajo por 7-8 puntos porcentuales. Tampoco lo ayudan la publicación de recientes libros reveladores de su retorcido carácter, ni los comentarios de exfuncionarios y de republicanos sobre su incompetencia y/o negligencia para responder al covid-19, ignorancia, mendacidad, narcisismo, abuso de poder, tendencias autocráticas y desdeño por las normas tradicionales de la democracia norteamericana. Su conducta ha provocado especulaciones sobre posibles aventuras en política exterior para distraer al electorado y generar apoyo a su reelección, así como sobre posibles escenarios post-comicios para deslegitimar las elecciones si pierde –lo que tensaría la institucionalidad democrática del país.


IV. CONCLUSIÓN.

Algunas de las peculiaridades y complejidades del sistema electoral podrían considerarse vulnerabilidades que debilitan y amenazan el sistema. Por ejemplo, el voto por correo, o la falta de padrón nacional no ofrecen seguridad o garantías sobre el secreto del voto. Pero es llamativo que hasta ahora no se han comprobado significativas incidencias de fraude en elecciones presidenciales, como lo proclama Trump[9]. Quizás lo previene la vigencia de una cultura cívica/electoral donde predomina la honestidad, la confianza, la responsabilidad, el respeto por las instituciones y el celo de cada uno por su voto[10]. Igualmente, la extrema fragmentación de la organización electoral, una debilidad para algunos, también puede ser paradójicamente una fortaleza que limita la posibilidad de un control central que manipule el proceso.


De todas maneras, no deja de preocupar la posibilidad de que las alteraciones en procedimientos y falta de preparación para administrar los desafíos produzcan confusión y demoras en el procesamiento de las boletas postales y ausentes, además de retrasar la publicación de resultados -lo que inevitablemente producirá incertidumbre, tensión y controversias. Tampoco dan mucha seguridad o certeza las posibles impugnaciones que pudiesen ocurrir en el proceso del Colegio Electoral. Intranquiliza también la posibilidad del abuso del ciberespacio para manipular los hechos y transmitir desinformación electoral, así como la interferencia extranjera para generar conflicto, polarización, inseguridad y desconfianza en el proceso, y debilitar la democracia norteamericana.


Pero quizás lo más alarmante y amenazante son las irresponsables e infundadas denuncias del presidente Trump sobre el supuesto fraude que cometerían los demócratas con el voto por correo, socavando la confianza del electorado en el proceso y erosionando su legitimidad. Nos vemos así, inesperadamente, ante un ambiente electoral enrarecido, marcado por especulaciones, desconfianza, incertidumbre y preocupación por la integridad y legitimidad de los comicios en noviembre[11]. La alarma es tal en la opinión pública que el Washington Post ha propuesto la conformación de una Comisión bipartidista presidida por los expresidentes Bush y Obama para supervisar las elecciones y confirmar su legalidad y legitimidad[12]. Quizás se debería contar también con la presencia de una observación electoral internacional.


La preocupación no es menor. En el mundo actual, interdependiente y globalizado, tanto el desarrollo (normal o anormal) como el resultado de los comicios en este país – el más poderoso del planeta y pilar imprescindible del orden liberal mundial- no sólo tienen el potencial de alterar su propia democracia sino la dirección de su política exterior, con repercusiones inevitables e inciertas para la comunidad internacional.

Washington, D.C., 20 de septiembre de 2020


Notas


[1] https://ballotpedia.org/Voting_methods_and_equipment_by_state

[2]  Dada las irregularidaes que mostraban las tarjetas utilizadas para votar, la campaña de A. Gore solicitó un reconteo. La solicitud fue aprobada por la Corte Suprema de Justicia,  pero apelada por los republicanos ante la Corte Suprema nacional,  que acordó por mayoría, sin entrar en lo sustantivo del tema,  que prevalecía la decisión de la Secretaría de Estado de la Florida (la autoridad electoral) de no acceder al reconteo por la perentoriedad del proceso -lo que en efecto determinó que el conteo y resultado original se mantuviese con una mínima diferencia a favor de George W. Bush. Con los votos de Florida (27+2) para el Colegio Electoral, Bush consiguió los 271 que le otorgó la presidencia.        https://en.wikipedia.org/wiki/Bush_v._Gore.

[3] Un estudio de la Fundación Pew indicó que 36% de registrados no puede votar por conflicto de trabajo

[4] https://www.archives.gov/federal-register/electoral-college/about.html.   En 2016 surgió un debate judicial (La Constitución no lo establece) sobre si los electores están obligados a votar por el candidato de la lista del partido al que pertenece o puede votar por otro candidato. La Corte Suprema sentenció que el estado puede determinar que es obligatorio o no.

[5] Debido al malestar que causa esta incongruencia electoral, se encuentra en curso un proceso por el cual varias legislaturas estatales, 15 hasta ahora, han legislado y acordado entre ellas (National Popular Vote Interstate Compact -NPVIC) asignar los votos electorales de sus respectivos estados al candidato que obtenga más votos populares a nivel nacional. Por ahora acumulan solo 196 votos electorales de los 270 necesarios para que el acuerdo funcione.

[6] Ver ex Senador Tim Wirth (julio 3, 2020): https://www.newsweek.com/how-trump-could-lose-election-still-remain-president-opinion-1513975

[7] Ver revelaciones sobre esta práctica de la campaña de Trump:

https://www.washingtonpost.com/politics/turning-point-teens-disinformation-trump/2020/09/15/c84091ae-f20a-11ea-b796-2dd09962649c_story.html

[8] Sobre las capacidades norteamericanas para esta guerra, ver:

https://www.washingtonpost.com/opinions/the-military-is-providing-an-unexpected-and-powerful-line-of-defense-against-russian-interference/2020/09/15/6fafbb86-f779-11ea-a275-1a2c2d36e1f1_story.html

[9]   En 2018, en un distrito de North Carolina, se descubrió que un operador Republicano y su equipo recolectó un número significativo de boletas de “voto por correo” de familias afroamericanas de menores recursos –que normalmente votan por el partido Demócrata— pero que nunca las envió, como les había prometido. https://www.nytimes.com/2019/07/30/us/mccrae-dowless-indictment.html

[10] Investigaciones indican que el fraude electoral es muy raro. Trump denunció que perdió el voto popular en 2016 (por 3 millones) porque los Democratas hicieron fraude y nombró una Comisión para investigarlo, pero la disolvió cuando no se encontró evidencia de ello:  https://www.brennancenter.org/our-work/research-reports/disbanded-trumps-voter-fraud-commissionhttps://www.brennancenter.org/our-work/analysis-opinion/north-carolinas-election-fiasco-about-voter-suppression-not-voter-fraud

[11]  Ver Fareed Zakaria:   https://www.washingtonpost.com/opinions/trump-is-setting-us-up-for-an-election-day-nightmare/2020/07/23/559183b4-cd22-11ea-b0e3-d55bda07d66a_story.html

[12]https://www.washingtonpost.com/opinions/trump-is-trying-to-cast-doubt-on-an-election-he-might-lose/2020/09/17/9ff3ed02-f919-11ea-89e3-4b9efa36dc64_story.html

Complejidad e incertidumbre en la elección de los EE.UU.

Rubén M. Perina

6 de octubre 2020

 
https://www.clarin.com/opinion/complejidad-incertidumbre-eleccion-ee-uu-_0_kCab6P4md.html

Clarín.com

La pandemia de covid-19 y el reciente contagio del presidente Trump le han inyectado aún más incertidumbre al proceso electoral de cara a las elecciones del 3 de noviembre -proceso que, de por sí, posee una marcada complejidad y singularidad.


Ciertamente, Trump dejará de hacer campaña en persona y de menospreciar el uso de la máscara y el distanciamiento social; su negación y mal manejo de la pandemia han sido irresponsables y deplorables. Los dos restantes debates presidenciales quedan en duda y el debate vice-presidencial entre Mike Pence y Kamala Harris asume nueva relevancia. El nuevo escenario no modificará la intención de voto, aunque sí ha generado preocupación sobre la capacidad del presidente de gobernar y de garantizar la seguridad nacional.


Pero la complejidad estructural y el funcionamiento del sistema electoral norteamericano también provocan ansiedad e incertidumbre. El sistema posee peculiaridades que lo distinguen de otros más centralizados y homogéneos que he observado como jefe de Misiones de Observación electoral de la OEA en varios países: cada estado (51) y hasta cada condado (3.111) tienen sus propias leyes, autoridades, padrón y tecnología; se vota un martes, día laborable; votar no es obligatorio y se lo puede hacer por anticipado o por correo postal. La votación por estas modalidades comenzó a mediados de septiembre en la mayoría de los estados.


La clave de la complejidad y peculiaridad del proceso electoral está en el Colegio Electoral, su piedra angular. Fue diseñado para preservar la preeminencia de los estados sobre el gobierno federal, para prevenir la elección popular directa de un demagogo, así como para evitar la sobre-representación y concentración de poder en los estados más poblados y más ricos y más progresistas (hoy en su mayoría en las costas del este y oeste).


En ese contexto, la elección presidencial es descentralizada e indirecta, con 51 elecciones organizadas por cada estado. Los votantes eligen un candidato y su lista de electores (seleccionados por las autoridades partidarias estatales); su número equivale al número de Representantes que le toca a cada estado por población más dos Senadores. El triunfador (aunque sea por un voto) se lleva todos los electores del estado. Se consagra presidente el que logre 270 de 538 posibles votos electorales. Lo peculiar es que un candidato puede ganar el voto popular nacional por millones en una minoría de estados populosos, mientras que otro puede ganar por un voto en una mayoría de estados poco habitados y llegar a los 270 necesarios, como pasó con Hillary Clinton que logró 3 millones de votos más que Trump, pero éste ganó el Colegio Electoral 306 a 227.


Cada estado tiene hasta el 8 de diciembre para resolver cualquier controversia sobre los comicios o la lista de electores. El 14 de diciembre, fecha perentoria, los electores deben reunirse en cada estado y votar por su candidato. Las autoridades electorales y el gobernador certifican la lista de electores con sus votos, la que se  debe enviar perentoriamente el 23 de diciembre al presidente del Senado Nacional. En sesión conjunta de las dos Cámaras del Congreso, el 6 de enero de 2021, se cuenta el voto de los electores y se certifica el resultado y el ganador.


Sin embargo, en cualquier estado pueden surgir impugnaciones que judicialicen el proceso por irregularidades, fraude, emergencia nacional o interferencia extranjera. Si las cortes no las resuelven, ello podría impedir que los electores se reúnan y que el gobernador certifique y envíe la lista de electores y sus votos al Senado. Podría ocurrir entonces que ningún candidato logre los 270 votos, en cuyo caso la elección pasaría a la Cámara de Representantes (a instalarse el 3 de enero) donde cada estado tiene un sólo voto, y el partido con mayoría en la delegación de Representantes decide el voto del estado. Esta complejidad del Colegio Electoral genera incertidumbre y podría causar una crisis institucional post-comicios sin precedentes recientes.


En ese contexto, es de destacar la insólita conducta de Trump: ha denunciado repetidamente (sin evidencia) que los Demócratas usarán el voto por correo para hacer fraude y ha insinuado que esa sería la única manera de perder y que no reconocerá su derrota. Preocupado estará por las encuestas que lo muestran detrás de Biden por 8-10 puntos porcentuales y con sólo un 40 % de aprobación.


Sus absurdas y poco serias denuncias e insinuaciones (rechazadas incluso por Republicanos) han provocado especulaciones sobre posibles aventuras extranjeras para generar apoyo a su re-elección y sobre posibles e inquietantes escenarios post-comicios: Trump podría no reconocer su derrota y judicializar los intrincados mecanismos del Colegio Electoral para forzar la conclusión del proceso en la Cámara de Representantes donde su partido podría controlar una mayoría de delegaciones.


Tales posibilidades han alarmado a la opinión pública por el potencial que tienen de socavar la legitimidad del proceso y los riesgos de una crisis constitucional. Ello, la incertidumbre y la polarización, debilitarían aún más la democracia norteamericana y su liderazgo del mundo liberal. La alarma es tal que hasta el Washington Post ha propuesto la creación de una Comisión bipartidista presidida por los ex presidentes Bush y Obama para supervisar las elecciones y confirmar su validez.


https://www.clarin.com/opinion/-peligran-comicios-_0_LzSPjYCcK.html

30 de julio, 2020, 

Rubén M. Perina

¿Peligran los comicios en los Estados Unidos?

Clarín.com

La pandemia del Covid-19 ha trastornado el proceso electoral de EEUU. El temor al contagio y la necesidad de garantizar la salud de los votantes y los funcionarios ha exigido modificar las actividades de la campaña y las de organización de los comicios presidenciales de noviembre. Las campañas del presidente Trump y del ex vicepresidente Biden ya son virtuales, vía plataformas digitales (Facebook, Youtube, Twitter, Zoom); virtuales también serán los debates presidenciales y las convenciones partidarias.

Pero las modificaciones requeridas para votar implican desafíos logísticos. 


En primarias recientes se cambiaron tradicionales recintos de votación (escuelas, iglesias) por estadios o centros de convenciones para acomodar más votantes con distanciamiento social e higiene. En Louisville (Ky), se armó un estadio de futbol para miles de votantes. Además, por temor al virus, numerosos funcionarios electorales renunciaron y los reemplazantes no fueron capacitados adecuadamente. En algunos distritos del estado de Nueva York se demoró la votación y el conteo y no se conocieron los resultados por tres semanas. En Georgia los cambios en tecnología produjeron largas colas, confusión y atrasos.


Los temores y riesgos de infección reducirán la votación en persona y aumentará el voto por correo postal. Este método es exclusivo en los estados de Colorado, Utah y Oregon. Un 68% del electorado nacional confía en su seguridad y se pronostica que el voto postal pasará de un 10% habitual a un 60%.


Pero sus complicaciones logísticas se han evidenciado en las recientes primarias. Se requerirá nueva tecnología para preparar (con código de seguridad), enviar, recibir, chequear y computar la “boletas postales”, y habrá que capacitar funcionarios y educar al votante; se extraviarán boletas o llegarán tardíamente, lo que demorará procesarlas y conocer los resultados.

Varios estados debaten si se envía la “boleta postal” a los votantes o éstos deben solicitarla, y si este modo será exclusivo o complementario al voto en persona. En todo caso, se deberán modificar las leyes, retrasando la organización del proceso y la capacitación de los funcionarios. Es una carrera contra el tiempo. También aumentará el voto anticipado, modalidad prevista para votar en días previos y lugares designados.


La institución del Colegio Electoral agrega incertidumbre al proceso. La elección presidencial es indirecta, con 50 elecciones (más el Distrito de Columbia, Washington D.C.) organizadas por cada estado. No existe autoridad ni ley federal electoral que organice y unifique el proceso. Federalismo extremo. En las 50 elecciones los votantes eligen a un candidato y su lista de electores (su número es igual a dos senadores más los representantes -diputados- que le toca a cada estado por población).

El ganador se lleva todos los electores del estado. La autoridad electoral del estado certifica la lista ganadora y la envía  al Congreso, donde en sesión conjunta (6 de enero 2021) se cuentan los votos de los electores y se proclama el ganador. Se triunfa con 270 de 538 votos. Un candidato puede ganar el voto popular y otro el voto electoral, como en 2000 y 2016.

En los estados pueden surgir impugnaciones que judicialicen el proceso e impidan que alguien logre los 270 votos. En tal caso, la elección pasa a la Cámara de Representantes, donde cada estado tiene un sólo voto.


Internet y las plataformas digitales también sirven para amenazar la integridad de las elecciones. Se usan para monitorear a los candidatos, para tergiversar los hechos, los datos, las imágenes y la opinión pública y para generar miedo, odio y dudas que dividen al electorado y erosionan su confianza en el proceso.Esta práctica (“sharp power”), con sus“bots” se usa para“hackear”, robar y modificar bases de datos y hasta resultados de una elección. La elección está expuesta a estas interferencias por actores internos o externos (Rusia, China,) y ya son parte de la guerra cibernética. Expertos, agencias de inteligencia y congresistas ya han advertido sobre este peligro.


Ante la creciente probabilidad de su derrota electoral, Trump ha rechazado la expansión del voto postal, argumentando que facilitará el fraude de los Demócratas, y ha amenazado con no reconocer su derrota. Sólo un 40 % aprueba su gestión y las encuestas lo tienen abajo por más de 10 puntos.

Tampoco ayudan los comentarios de ex funcionarios y asesores y de Republicanos relevantes sobre su incompetencia, negligencia, mentiras, narcisismo y tendencias autocráticas. Su conducta ha provocado especulaciones sobre posibles acciones agresivas en política exterior para generar apoyo a su re-elección, así como sobre posibles escenarios post-comicios que tensarían la institucionalidad democrática del país.


En conclusión, los desafíos logísticos, las peculiaridades del proceso, las amenazas cibernéticas y de Trump han generado un ambiente electoral enrarecido, marcado por especulaciones, desconfianza, incertidumbre y preocupación por la integridad de las elecciones de noviembre.


Rubén M. Perina es PhD en RR.II. Analista internacional y ex funcionario de OEA.

 

Thursday, June 25, 2020

Apuesta estratégica (hemisférica para un mundo multipolar)
Rubén M. Perina
La nueva realidad geopolítica se asemeja al sistema multipolar competitivo.
El mundo interdependiente y globalizado en que vivimos enfrenta diariamente desafíos “intermésticos” (parte internacionales y parte domésticos), que requieren una respuesta colaborativa y colectiva. La pandemia actual es un ejemplo. Otros son los desastres naturales, el terrorismo, el narcotráfico y trato de personas, la corrupción y el lavado de dinero, los ataques cibernéticos, la deuda externa, la proliferación nuclear, las tiranías con sus refugiados y exiliados.
Después de la Guerra Fría, este mundo contó con el liderazgo de EE.UU. y la hegemonía del mundo liberal; o sea con el predomino de la alianza de países comprometidos con la democracia, la libertad, el capitalismo y el libre comercio. Hoy esa hegemonía está mutando.

Mundo Multipolar. Insólitamente, en una generación hemos pasado de un orden mundial bipolar de la Guerra Fría (1945-1990), a uno unipolar de hegemonía liberal (1990-2020), a uno crecientemente multipolar (2020-?). Un mundo compuesto de varias potencias globales y regionales. Entre las primeras figuran EE.UU. y la Unión Europea, más China y Rusia, dos emergentes potencias autoritarias/autocráticas con economías capitalistas y proyecciones militares y geopolíticas; entre las segundas se perfilan Turquía, India, Israel e Irán.

La nueva realidad geopolítica se asemeja al sistema multipolar competitivo, de rivalidad y balance de poder entre grandes potencias, que prevaleció en el siglo XVIII o XIX. En este sistema internacional, cada estado busca ante todo aumentar su poderío económico y militar con políticas unilaterales, nacionalistas y proteccionistas.

Trump, el “disruptivo”. En medio del surgimiento de este nuevo mundo multipolar llega Donald Trump a la presidencia de EEUU (2017) con su lema “America First.” Su política exterior (y doméstica) errática, disruptiva y desconcertante erosiona sus alianzas estratégicas y el multilateralismo del orden liberal que el propio EE.UU. lideró desde la Segunda Guerra Mundial y a través de la Guerra Fría. Para el desconcertado sino avergonzado “establishment” (académicos, exfuncionarios, militares), su comportamiento es una retirada no-forzada, un ensimismamiento y abandono de poder, de protagonismo y de responsabilidades.

Sus acciones más llamativa incluyen sus altercados pueriles y distanciamiento de sus aliados europeos y asiáticos; su hostilidad al multilateralismo (NATO, TPP, Acuerdo de París, OMS, Tratado nuclear con Irán); su proyectada retirada militar de Afganistán, Iraq y Siria, cediendo espacio a China, Irán y Rusia; su creciente conflictividad con China (principal socio comercial y rival estratégico) sobre aranceles, los orígenes del Covid-19 y la autonomía de Hong Kong; sus erráticas negociaciones con el dictador norcoreano Kim Jon-un y su rara amistad con Vladimir Putin --a pesar de las sanciones del Congreso por su injerencia electoral en 2016, sus anexión de Crimea y asesinato de opositores. Notoria también es su abdicación de liderazgo durante la pandemia; ni siquiera ha intentado liderar una respuesta colectiva y colaborativa.

Debilitamiento institucional en EE.UU. En su respuesta al covid-19 y a las protestas sociales por el asesinato de George Floyd, Trump se ha mostrado insensible, confrontacional e inepto. Además de mentir descaradamente, divide la ciudadanía, vilifica a los medios y sus opositores, irrespeta el estado de derecho, abusa del poder presidencial y usa modos autoritarios y autocráticos para gobernar.
La nación se ve polarizada y su institucionalidad republicana/democrática debilitada; su gobernanza se torna difícil, poniendo en duda la fortaleza de la democracia norteamericana y su capacidad de liderar la alianza internacional liberal; y aquí yace, para muchos, la principal causa de la aparente declinación de su hegemonía y del creciente desafío que le plantean las autocracias emergentes.
La tentación autoritaria y el debilitamiento institucional en EE.UU. y en algunos miembros de la Unión Europea --los pilares de la primacía liberal en el mundo-- erosionan los cimientos de la democracia liberal y de su hegemonía, y contribuyen al retorno del mundo multipolar.

Apuesta estratégica.  La retirada de EE.UU. y el abandono de su liderazgo, el distanciamiento de sus alianzas y del multilateralismo, más el debilitamiento de sus instituciones republicanas, generan incertidumbre y desconcierto sobre el futuro de la gobernanza del sistema multipolar post-pandemia, especialmente en torno a los inevitables desafíos intermésticos. Hoy es el Covid-19, pero los otros desafíos no desaparecerán por el paro existencial que exige la pandemia, sino que seguirán demandando respuestas colectivas y coordinadas.

En nuestro hemisferio el momento requiere fortalecer alianzas y/o instancias multilaterales que faciliten la cooperación y la acción colectiva para enfrentar esos desafíos y defender nuestros valores e intereses.  Para ello, la mejor apuesta es una alianza estratégica con el mundo de democracias liberales, y para avanzar en ese camino, el continente ya cuenta con genuinas instituciones inter-americanas como la OEA, el BID, la OPS y la Corte Interamericana de Derechos Humanos. 

Wednesday, June 10, 2020

Campaña y Elecciones Virtuales en Estados Unidos
Rubén M. Perina, Ph.D.
(Versión actualizada de la publicada en Clarín 27-05-20200

Los candidatos para las próximas elecciones presidenciales de noviembre,  el actual presidente Donald Trump,  por el partido Republicano,  y  Joe Biden,   ex vicepresidente de Barack Obama, por el Partido Demócrata, se encuentran  inmersos en un proceso electoral inesperadamente condicionado por la pandemia del coronavirus. El confinamiento social ordenado por los gobiernos estatales para mitigar la propagación del virus, impide la habitual congregación de gente que ocurre en eventos de campaña electoral o el día de los comicios. Ante esta limitación, ambas campañas se han vuelto virtuales.

La campaña virtual de Biden.   Por carecer de la exposición pública y mediática que tiene Trump, Biden y su campaña han tenido que incursionar en el mundo virtual. Biden no necesita hacerse conocer, su trayectoria como senador y vicepresidente es bien conocida y respetada, y cuenta con una imagen personal relativamente positiva en la opinión publica. Su imagen y presencia provocan confianza y proyectan seguridad, mesura, expertise, honestidad, humildad y empatía –todos atributos de un líder y todo lo contrario a Trump. Incomoda sí a su campaña una reciente acusación de acoso sexual de una exfuncionaria del Senado en la década de 1990 (Trump tiene doce acusaciones similares o peores en su contra).

Desde su “estudio” en su casa en Delaware, su equipo organiza mítines políticos, entrevistas, o discursos por videos o streaming  por redes y plataformas como Facebook, YouTube, Twitter y otros.  También se reúne vía video conferencias (“Zoom”) con donantes, con su equipo de logística y estrategia, o con líderes y candidatos del partido y de la comunidad afroamericana o hispana. La modalidad virtual sustituye a tradicionales actividades presenciales de campañas como discursos en grandes mítines, reuniones, debates, tours en bus, viajes, visitas a familias, etc.  

La campaña de Trump.  Las actividades del presidente tienen la ventaja de comandar la atención de los medios en tiempo real. Sus diarias conferencias de prensa sobre la situación del covid-19 se transmiten en vivo por televisión, radio y streaming. Trump comunica así (y por Twitter) sus acciones, preferencias, mal humor, intemperancia, soberbia y sus temerarias propuestas sobre medicamentos para el covid-19,  la salida del confinamiento, así como sus diatribas contra China, los inmigrantes, sus adversarios y los medios,  a quien tilda de enemigo del pueblo. Sus visitas a fabricas de suministros sanitarios o discursos públicos reciben amplia difusión en los medios. Extensa exposición también consiguió por su uso (ilegal) de las fuerzas armadas contra las protestas pacíficas frente a la Casa Blanca por el asesinato policial del afro-americano, George Floyd, y por sus amenaza de  usar máxima fuerza para “dominarlos” en otros estados, sin contar con las facultades constitucionales para ello .

Para algunos analistas, incluyendo un creciente número de Republicanos avergonzados, su comportamiento autocrático y actuaciones diarias para mostrarse a cargo de la situación son contraproducentes. Sus aseveraciones en febrero negando la pandemia y asegurando que el país estaba preparado para cualquier eventualidad, su sugerencia de usar detergente o el medicamento hydroxychloroquine para el virus, su insistencia, contrariando a sus consejeros científicos, en abrir la economía, y sus altercados públicos con los gobernadores sobre la disponibilidad o no de insumos médicos y sobre el envío de tropas para desalojar a los manifestantes,  generan confusión y ansiedad en la población. Al igual que la campaña de Biden, la suya también utiliza intensamente las mismas modalidades virtuales.   

Temas de campaña.   Por ahora, los temas en debate más salientes se relacionan a las tensiones de la crisis sanitaria y económica producida por la pandemia: Los Republicanos presionan por una apertura voluntaria, rápida y amplia, y los Demócratas por una más gradual y cautelosa. Los Demócratas proponen inyectar más dinero en el sistema de salud y en el salvataje de las empresas y la protección de los trabajadores, los Republicanos se oponen. Trump culpa a China por ocultar o producir la pandemia para evitar discusión sobre la pobre respuesta de su gobierno. La campaña de Biden enfatiza lo tardío, caótico e incompetente de la respuesta inicial y la irresponsabilidad de los comentarios del presidente sobre las medicinas apropiadas. Biden propone expandir el seguro de salud nacional instaurado por Obama, mientras que Trump quiere abolirlo --inexplicable en estos tiempos. Trump divide el electorado y busca consolidar su base; Biden intenta atraer a los independientes y expandir su base. Al final, la elección quizás sea un referéndum sobre Trump y su record, que hasta ahora incluye una economía con 40 millones de desempleados, con una recesión  proyectada del 5% este año y con más de 120 mil fallecidos por el covid-19.  Hoy Biden lleva un ventaja de 55% a 41%, según una encuesta de CNN

Comicios virtuales?    De continuar la propagación y letalidad del covid-19, la votación en persona pondrá en grave riesgo de contagio a los votantes y a las autoridades electorales.  La necesidad de distanciamiento social exigiría entonces realizar las convenciones partidarias (agosto) y los debates presidenciales de manera virtual. Y no es descartable unos comicios combinando el voto presencial con el voto por correo, que producirá muchos trastornos e irregularidades, como ya se ha visto en las últimas primarias. Lo increíble sería una postergación de los mismos. 

La opción de expandir el voto por correo, única forma de votar en Colorado, Oregon, Utah, Hawaii y Washington (un 68% del electorado nacional confía en ella) ha sido rechazada por Trump,  por considerar que facilita el fraude, lo que podría llevarlo a desconocer una posible victoria de los Demócratas, lo que sería algo inédito en EEUU.  De todas maneras, su organización es una carrera contra el tiempo porque los estados restantes carecen de los recursos tecnológicos y humanos entrenados para implementarlo. La otra alternativa es el voto electrónico no-presencial, vía internet, pero es un método cuestionado porque no se cuenta con una tecnología probada que pueda garantizar la absoluta seguridad e integridad de las elecciones.